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Selección Sub 17: seis historias de un equipo que quiere ser mundialista

La selección peruana  venció 3-2 a Uruguay en la última fecha del hexagonal final en el Sudamericano Sub 17 que se disputa en nuestro país. El cuadro de Carlos Silvestri está cerca del Mundial.

La selección peruana se enfrentará este viernes  a Chile por la segunda fecha del Sudamericano Sub 17 que se disputa en nuestro país. (Foto: GEC)

La selección peruana se enfrentará este viernes a Chile por la segunda fecha del hexagonal final del Sudamericano Sub 17 que se disputa en nuestro país. (Foto: GEC)

Por: Kenyi Peña Andrade

El fútbol, aunque no nos demos cuenta, también nos habla. Porque cuando uno ve correr a una persona detrás de un balón podemos saber cómo y quién es, solo basta observarlo con detenimiento. Está el egoísta, por ejemplo, quien en posición de ataque nunca cede el balón al compañero, por más que este último se encuentre mejor ubicado. Y también se encuentra al que cada pasaje para ir a entrenar en las juveniles le costó sangre, sudor y lágrimas. Ese que se acuerda del sacrificio de sus padres en pleno partido y por ello intentará salvar un balón que está destinado al saque de meta del rival. Y se le nota por cómo pelea y por su mirada que echa fuego, como un toro embravecido. Este último caso es el de Yuriel Celi.

Yuriel Celi

Yuriel Celi tiene un gol en el Sudamericano.(Foto: GEC)

Yuriel Celi tiene un gol en el Sudamericano.(Foto: GEC)

Su tía fue la protagonista de un hecho que conmovió a muchos y creó el rechazo de otros. Ella se metió hasta el campo para abrazar a su sobrino, quien había anotado el segundo gol de penal ante la selección de Bolivia. La imagen es explícita, pero hay mucho que no se ve. El pequeño Yuriel comenzó su carrera como futbolista en la Academia Cantolao y ha sido acompañado incondicionalmente por su familia, que hace esfuerzos inimaginables por solventar económicamente a alguien que aspira a ser el futuro crack del balompié nacional.  O, en la peor de las suertes,a al menos tener una carrera digna en Primera División que le permita parar la olla de su casa, como se dice en su barrio en el Callao.

Como buen chalaco, Yuriel no se amilana y pelea siempre, en la cancha y en la vida. Esto viene de familia, ya que los Celi hacían hasta polladas para que el jovencito pueda comprarse unos chimpunes. Por eso la señora, hermana de su mamá, corre a celebrar como si fuera un compañero más, como si ella le hubiera metido el pase gol. Pero es lógico, porque si llevar a Yuriel hasta este momento de su carrera superando miles de limitaciones fue un golazo, la '10' que hizo toda la jugada previa fue su tía.

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Massimo Sandi

El arquero solo ha recibido un gol en el Sudamericano. (Foto: GEC)

El arquero solo ha recibido un gol en el Sudamericano. (Foto: GEC)

Dentro de esta línea, en la que el fútbol se convierte una especie de test psicológico para deducir el tipo de personalidad tiene un ser humano, los resultados de Massimo Sandi dictan que es un líder nato. En el vestuario de Alianza, sobre todo en menores, es difícil ganarse el respeto para cualquier chico. Pero a Sandi lo saluda siempre todo el plantel, y sus indicaciones en el campo son tan valoradas como las del propio técnico. Él viene siendo protagonista en el arco de las categorías inferiores del cuadro íntimo desde hace algunos años.

Su papá, Juan Carlos Sandi, fue jugador y le contaba mil anécdotas sobre la carrera de un futbolista desde que era un niño. Su experiencia se la traspasó, por eso diera la impresión que Sandi ya tuviera cien partidos encima. Por eso también se muestra maduro en cada una de sus declaraciones. En el 2017, tras un encuentro ante César Vallejo, el joven portero fue halagado por el reportero que lo entrevistaba. Sin embargo, lejos de posturas narcisistas dejó una frase que da muestra de su sobriedad: “Siempre digo que el arquero está para salvar. Trabajo durante la semana para darle seguridad al equipo. Eso es lo más importante”.

Óscar Pinto

Pinto es una de las promesas de la San Martín y del fútbol peruano. (Foto: GEC)

Pinto es una de las promesas de la San Martín y del fútbol peruano. (Foto: GEC)

En una coyuntura del fútbol mundial en el que el orden táctico le gana terreno cada vez más a la inspiración individual, ver encarar en la cancha a Óscar Pinto es un verdadero placer. Le pegan, se levanta y pide el balón de nuevo en la siguiente jugada. Le pegan otra vez y, sin decir nada, va en busca de su marcador para volverlo a encarar. Pinto está en la edad en la que las lesiones están a la orden del día. Primero, porque no ha completado todo su desarrollo físico, algo propio de sus 17 años, y segundo porque una buena carretilla te suele amedrentar en el campo cuando tienes poca experiencia. Sin embargo, Óscar hizo del miedo su mejor amigo cuando su papá lo llevaba siempre en moto lineal a sus entrenamientos en la filial de la San Martín en Comas. Su técnico, que estaba más preocupado en que llegue sano y salvo a las práctica que en su rendimiento futbolístico, le vio tantas condiciones que lo hizo jugar en una categoría mayor.

Cabe subrayar que cuando Real Madrid y Barcelona jugaron en Lima un torneo de ‘fútbol 7’, el pícaro juvenil se lució contra los europeos y los directivos santos decidieron mandaron a la base central en Santa Anita. Entre 60 niños, quedó él en el cuadro universitario.

Carlos Silvestri

Atento, pausado y observador, así es el técnico de la selección peruana. (Foto: GEC)

Atento, pausado y observador, así es el técnico de la selección peruana. (Foto: GEC)

La identificación es la palabra idónea para definir el lazo entre Carlos Silvestri y sus dirigidos. Si a la mayoría de sus jugadores le ha costado ganarse un lugar en esta Sub 17 y llegar hasta donde están, el caso del técnico no es muy diferente. Como jugador, a Carlos siempre le costó, como le cuesta a todo futbolista que milita en un equipo chico de los 90 y con las carencias que esto conlleva.

Fue guardameta del Melgar y Deportivo Wanka, pero también del San Agustín y del casi siempre mal administrado dirigencialmente Deportivo Municipal, en el que su papá fue presidente. Como técnico no fue diferente, le tocó dirigir al Deportivo Cantolao en la siempre complicada Segunda División y lo sacó campeón. Un luchador, un tipo con el que mañana más tarde se le puede recriminar sobre malos cambios o replanteos, pero no sobre una carrera llevada dignamente, con los chimpunes y con el buzo puesto y dispuesto a regalar profesionalismo.

José Racchumick

José es pieza fundamental en el esquema de Silvestri. (Foto: GEC)

José es pieza fundamental en el esquema de Silvestri. (Foto: GEC)

José Racchumick lleva el fútbol como sangre por las venas. "Nació con un balón pegado al pie", diría algún romántico del deporte. Y sí, tenía razón. Porque José es hijo de Moisés, un recordado delantero de los años 90 que supo hacer goles con la camiseta del San Agustín, Hungaritos, Unión Minas, entre otros equipos, pero que no logró emigrar por sus constantes indisciplinas.

Cuando nació José, Moisés quiso que su hijo cumpla su sueño: defender a la selección peruana. Y para ello los sacrificios debían comenzar a tempana edad. El pequeño José ya practicaba el fútbol desde los seis años y a los nueve sabía lo que era una concentración. "Se quedaba viernes, sábado y domingo concentrando cuando jugaba en el Sport Mancora", señala su progenitor. Pero el esfuerzo no quedaba ahí. Según cuenta Moisés, él como su entrenador personal hacía que corra por los cerros de Talara y entrene fuerte.
Con 17 años, José ha seguido el camino de su padre: el fútbol, pero cambió algunas: no quiso ser delantero como su padre, sino defensor y evitar que los atacantes logren anotar. Hoy, como Moisés se lo pide siempre, está defendiendo la Bicolor con todo su corazón.

Alessandro Burlamaqui

Alessandro es el único futbolista de este plantel que juega en el extranjero. (Foto: la 9)

Alessandro es el único futbolista de este plantel que juega en el extranjero. (Foto: la 9)

El chico de nombre italiano, de padre brasileño, pero corazón peruano. Los que lo conocen, dicen que Alessandro Burlamaqui tiene unos patrones de conducta muy europeos. Sabe expresarse muy bien, es muy respetuoso, educado y muy casero. En la cancha también hace notar que partió desde muy chico a España, y que tiene otras raíces (brasileña y española): es muy aplicado en lo táctico, sabe correr el campo, técnicamente bueno y físicamente muy bien trabajado, ya que suele terminar entero cuando sus compañeros ya están con la lengua afuera sobre el final de los cotejos. El volante del RCD Espanyol se ha ganado de a pocos un lugar en el once de Carlos Silvestri y también en el corazón de los peruanos.

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