Nadal regresó a Buenos Aires tras 10 años y enamoró al público
Redacción EC

El español  tuvo más inconvenientes de los previstos en el inicio del juego, pero rectificó a tiempo para vencer hoy por 6-4 y 6-0 al argentino Facundo Argüello y clasificarse a los cuartos de final del torneo de tenis de Buenos Aires.

Pasaron más de diez años, nueve títulos de Roland Garros y otros 55 torneos obtenidos hasta que finalmente Rafael Nadal pudo conseguir un logro que se le había negado a lo largo de su exitosa trayectoria: enamorar al público argentino.

"Es increíble el cariño que me dan. Sólo tengo palabras de agradecimiento. Es un honor para mí jugar aquí y que me traten con tanto cariño", señaló el miércoles un emocionado Rafael Nadal tras su victoria ante el local Facundo Argüello.

 


La ovación de las más de 4.000 personas que se acercaron a verlo en la tormentosa noche de Buenos Aires resultó conmovedora. Algo parecido había ocurrido antes del inicio del encuentro, cuando Nadal se asomó con camiseta rosa fluorescente, cinta amarilla y pantalones blancos. "Rafa, te amo", se escuchó más de una vez durante el juego, cuando el cuatro del mundo empezaba a ensayar un servicio.

Pero este amor de verano entre los aficionados locales y Rafael Nadal no siempre fue correspondido. Por diferentes factores, el ex número uno del mundo lejos estuvo de ser un jugador querido en Argentina. Por el contrario, despertaba otro tipo de pasiones, muy distintas a la de algunos de sus compatriotas como Carlos Moyá o David Ferrer, o el brasileño Guga Kuerten, campeones y casi locales en Buenos Aires.

Una primera causa es fácil deducirla. En pleno auge de la ‘Legión Argentina’, con figuras como Guillermo Coria, Gastón Gaudio, David Nalbandian o Mariano Puerta, todos ellos entre los diez mejores en aquellos años, Rafael Nadal irrumpió en el circuito y se transformó en un verdugo casi sistemático de los ídolos locales.


Unos años después se sumaría Juan Martín del Potro, que en un rapto de euforia dejó al descubierto los verdaderos sentimientos de muchos aficionados para con el español. "Vamos a sacarle los calzones del orto a Nadal", gritó Del Potro en plena celebración del pasaje a la final de la Copa Davis 2008, cuando ya se palpitaba la serie Argentina-España, que después Nadal no podría jugar.

Una segunda razón es posible encontrarla en el gran clásico del tenis moderno, los duelos Federer-Nadal. El suizo cautivó de tal forma a los aficionados argentinos que es, probablemente, más querido que muchos de los jugadores propios. Y claro, las repetidas victorias del español sumaron para aumentar la antipatía.

La sensación de imbatibilidad que Rafael Nadal mostró durante mucho tiempo en el circuito, sobre todo en canchas de arcilla, tampoco ayudó. En todos los deportes, una característica del aficionado argentino, cuando no tiene ninguna simpatía definida, es volcarse por el más débil. Obviamente, Nadal encarnaba la antítesis de esa cualidad.


No hubo muchos contactos entre el ex número uno del mundo y los aficionados de Buenos Aires. En 2005 lo conocieron como una joven promesa, en un duelo que marcaría su trayectoria. En su primera aparición en el court central del Buenos Aires después de dos triunfos en canchas auxiliares, Nadal se topó en los cuartos de final con el argentino Gastón Gaudio, en ese momento vigente campeón de Roland Garros.

El encuentro fue muy cambiante. Rafael Nadal disputó un primer set en gran nivel y se impuso por 6-0. Entonces, el público se involucró en el juego, con sus gritos y cantitos, buscando levantar al ídolo local. Y el cambio fue rotundo. Gaudio se encendió, Nadal se enredó con la gente y el argentino ganó 12 de los 13 games siguientes, para llevarse el partido de forma contundente.

Ese aliento que Nadal tanto elogió en el triunfo del martes, en aquel momento, cuando lo tuvo en contra, le provocó enojo. No tanto para romper siete raquetas, como dijo Gaudio unos años después, en un mito que el propio mallorquín se encargó de desmentir, pero si se sintió frustrado por no haber podido absorber la presión del público.

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De allí en más, el español encadenó los títulos de Costa do Sauipe y Acapulco, la final de Miami en cinco sets ante Federer y completó una temporada de ensueño con todos los torneos sobre arcilla del verano europeo: Montecarlo, Barcelona, Roma y Roland Garros.

"Fue un partido un tanto extraño, en aquel momento para mí desbordar a Gastón era una tarea complicada. Pero después de esa derrota comencé una racha de victorias que fue muy importante para mi carrera", recordó al pisar Buenos Aires.

Las circunstancias se conjugaron para que Nadal no regresara a Argentina hasta noviembre de 2013, cuando jugó exhibiciones con Nalbandian y Novak Djokovic. Con el primero comió además un asado en su pueblo natal y ante el serbio jugó al tenis sobre un barco en el Glaciar Perito Moreno.

Antes y después habían sido todas frustraciones: una lesión de rodilla le impidió estar en la final de la Davis 2008. La semana de descanso que le recomendaron para su recuperación a principios de 2013 coincidió con el torneo de Buenos Aires, que quedó descartado entre la final en Viña del Mar y el título en Sao Paulo. Y cuando ya estaba acordado su regreso en 2014, un virus estomacal lo impidió a último momento.

Pero los desencuentros quedaron atrás. Sin rivales argentinos directos, con los duelos con Federer con menos relevancia y con esa sensación de vulnerabilidad que ofrece la nueva versión de su físico, Nadal por fin pudo enamorar a los argentinos. 

Fuente: DPA

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