Una noche de “Hagane” en Al Toke Pez: técnica, sabor y encuentro en torno a la cocina nikkei
Una velada íntima en Al Toke Pez reunió a suscriptores de El Comercio en torno a “Hagane”, una cena de cinco tiempos creada por Tomás “Toshi” Matsufuji, donde la cocina nikkei, el maridaje y la conversación fueron protagonistas.
La noche cayó en Miraflores con una promesa clara: no sería una cena cualquiera. En Al Toke Pez, el ritmo habitual de la cocina se transformó en algo más íntimo, casi ritual. Cuatro suscriptores de El Comercio y sus acompañantes cruzaron la puerta del pequeño local de la calle Bonilla para ser parte de “Hagane”, una experiencia pensada para conectar técnica, producto y conversación.
La noche cayó en Miraflores con una promesa clara: no sería una cena cualquiera. En Al Toke Pez, el ritmo habitual de la cocina se transformó en algo más íntimo, casi ritual. Cuatro suscriptores de El Comercio y sus acompañantes cruzaron la puerta del pequeño local de la calle Bonilla para ser parte de “Hagane”, una experiencia pensada para conectar técnica, producto y conversación.
“Hagane”, que en japonés significa acero, no es solo un nombre. Es una idea. Para Tomás “Toshi” Matsufuji, el cuchillo es la extensión de la mano del cocinero, y esa precisión se sintió desde el primer momento. La noche arrancó con una reinterpretación del clásico “Tiradito del Tío Darío”, un guiño a su padre, figura clave en la historia de la cocina nikkei en el Perú. Fue también una manera de abrir la conversación: sobre memoria, herencia y evolución.
A partir de ahí, la experiencia avanzó en cinco tiempos, cada uno con una identidad propia. Platos que pusieron en valor ingredientes marinos de alta calidad, trabajados con sensibilidad y carácter, fueron llegando a la mesa en un ritmo que invitaba a detenerse, observar y, sobre todo, compartir.
Cada paso de la cena estuvo acompañado por vinos de la bodega boutique chilena Garcés-Silva. Sus etiquetas destacaron por su frescura y elegancia, logrando un maridaje preciso con los sabores del menú. En cada servicio, la combinación fue distinta: cada plato encontró su contraparte en la copa, creando armonías que realzaban tanto la cocina como el vino.
Los vinos de la bodega boutique chilena Garcés-Silva acompañaron la noche.
Pero más allá de la técnica y el maridaje, hubo algo que terminó de definir la noche. La mesa, compartida entre desconocidos al inicio, se fue convirtiendo en un espacio de encuentro. Entre comentarios sobre los platos, anécdotas y risas, la experiencia tomó otra dimensión. La unión y la conversación entre los suscriptores hicieron de esta velada algo aún más especial.
Así, entre cortes precisos, sabores intensos y copas que acompañaban cada historia, “Hagane” dejó de ser solo una cena para convertirse en un momento. Uno de esos que se construyen a partir de los detalles, pero que se recuerdan, sobre todo, por lo que se comparte.