En solo otras dos ocasiones de la historia reciente, el índice de participación de la mujer en esta institución bajó a niveles similares. Durante los dos primeros meses del gobierno de Pedro Castillo, las dos únicas ministras que integraron el Gabinete fueron la actual mandataria y Anahí Durand, mientras que el último tramo del gobierno de Alejandro Toledo también tuvo dos ministras, pero con un menor número de sectores (16 ministerios). En los últimos 20 años, en promedio, cinco mujeres ocuparon alguna cartera ministerial.
Esta tendencia también se refleja en los viceministerios, donde solo 11 de 35 oficinas están ocupadas por mujeres. En tanto, si bien algunos organismos como la Junta Nacional de Justicia, la Junta de Fiscales Supremos o la Sala Plena del Poder Judicial están encabezados por mujeres, solo en la fiscalía se llega a la paridad para la toma de decisiones [ver cuadro].
La participación es más baja en los cargos de elección popular. Menos del 5% de los municipios provinciales y 6% de los distritales son encabezados por mujeres.
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Diagnóstico y propuestas
¿Qué factores han determinado el descenso de la representación femenina en el sector público? Elsa Galarza, profesora de la Escuela de Gestión Pública de la Universidad del Pacífico e investigadora del CIUP, señala que existen causas estructurales que han limitado la participación de la mujer, así como otras relacionadas con la actual coyuntura política, donde el factor de género no es tomado en cuenta al momento de las designaciones.
“El hecho de que la mujer tenga una doble carga laboral, la remunerada y la no remunerada (familiar), es una brecha que hay que trabajar. Pero, en los últimos años, y especialmente en el gobierno de Boluarte, se ven factores de incertidumbre, nuevas alianzas políticas que no ven temas meritocráticos, sino de otro tipo. Esto genera que no se tenga una presencia de mujeres en mayor magnitud”, dice.
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¿Cómo revertir esta situación? Galarza, quien también fue ministra del Ambiente, añade que las normas o políticas que implementan cuotas deben estar acompañadas por programas enfocados en lograr una mayor capacitación de las mujeres.
Para Gabriela Espinar, subdirectora de investigaciones de Women in Economics Perú e investigadora de Red de Estudios para el Desarrollo, además de la doble jornada laboral, factores como la maternidad y los estereotipos sociales influyen en una menor participación de las mujeres en puestos de liderazgo. “Las mujeres dedican, en promedio, 23 horas semanales más que los hombres al hogar. Asimismo, tras el nacimiento del primer hijo, disminuyen su participación en el empleo. Según un estudio del Programa de las Naciones Unidas, una de cada cinco personas cree que los hombres son mejores líderes que las mujeres. Además que, para más del 30% de los participantes de esa encuesta, las mujeres tienen mayores dificultades que los hombres para enfrentar retos”, explica.
Espinar resalta que, al no haber suficientes mujeres en el Estado y que no haya iniciativas para fomentar su participación, no se promueven modelos por seguir, lo que limita la participación de mujeres en este tipo de cargos. “Cuando las niñas ven a mujeres ocupando ministerios o cargos en el Congreso, muchas veces ellas piensan que pueden aspirar a eso”, añade.