La exoneración del IGV para algunos alimentos como el pollo, huevos, azúcar, fideos y pan.
Esta medida no sólo tiene un efecto incierto sobre los precios y no tiene ningún criterio de focalización sobre la población más vulnerable, sino que reducirá la recaudación, podría hacerse permanente, genera un pésimo precedente de política tributaria y hace más engorrosa la administración tributaria.
Problema: Es muy probable que la reducción del IGV se pierda en la cadena de comercialización de estos productos, por lo que el impacto en el precio al consumidor no será el que espera la población. Además, aún cuando se establecen plazos de vigencia de la exoneración, será muy difícil revertir la medida. Se está enfrentando un choque temporal con medidas que tendrán un costo permanente, con lo cual se generará una menor recaudación y un mayor déficit fiscal en el mediano plazo.
Solución: Es por ello por lo que la entrega de un bono focalizado es la medida más efectiva para defender temporalmente el ingreso real de la población más vulnerable y permitir que adapten su canasta de consumo, sin afectar su bienestar.
Problema: Es equivalente a un subsidio generalizado sin ningún criterio de focalización. Se estima que la exoneración del IGV de los alimentos incluidos en el proyecto equivaldría a un subsidio mensual de S/30 para hogares de niveles socioeconómicos altos. En tanto, para hogares de niveles socioeconómicos bajos, el subsidio sería de apenas S/5 debido a que el consumo de los productos exonerados es menor y a que la cadena de comercialización de productos, como el pollo, es informal.
Solución: Hubiese sido más eficiente otorgar un bono que compense el aumento del costo de la canasta de consumo a la población más vulnerable y no aprobar una lista de productos cuyo gasto es menor en hogares de pobres.
Problema: Se está perforando el régimen del IGV y sentando un muy mal precedente. Para que el régimen del IGV sea exitoso, es importante que tenga la menor cantidad de exoneraciones posible. En la medida en que el impuesto es sobre el valor agregado, si solo se exonera al producto final y no a los insumos, el IGV que se paga por estos no podría acreditarse y tendría que reflejarse como un mayor costo, por lo que los precios no se reducirían en 18%.
Solución: Si se decide devolver el IGV pagado por los insumos, se hace más engorrosa la administración tributaria y se eleva la pérdida de recaudación y la posibilidad de evasión.