Los primeros vehículos sin conductor estarán destinados a flotas de taxis y a transporte urbano en ciudades sin clima extremo. (Foto: AP)
Los primeros vehículos sin conductor estarán destinados a flotas de taxis y a transporte urbano en ciudades sin clima extremo. (Foto: AP)
Redacción EC

A principios de los cincuenta, el sociólogo estadounidense Robert Merton (padre del Nobel de Economía homónimo) acuñó el concepto de profecía autocumplida para referirse a aquellas dinámicas en las que se parte de una definición falsa o dudosa, pero sobre la cual su simple enunciación hace que se modifiquen comportamientos que generan que ese pronóstico se revele verdadero con el paso del tiempo.

Hay cientos de ejemplos en economía (corridas bancarias, devaluaciones, conductas en manada), y cada vez más en las avenidas de la innovación. En la medida en que muchas de estas discusiones dejan de estar encapsuladas y pasan a formar parte del ‘mainstream’ de debate entre gobernantes, economistas y otros protagonistas de la esfera pública, el futuro que a priori parece de ciencia ficción aumenta sus probabilidades de ocurrencia simplemente porque una mayoría cree ahora que va a suceder, y actúa en consecuencia.

Los avances con vehículos sin chofer son un caso de libro de profecía autocumplida. Años atrás, Sergei Brin, uno de los fundadores de Google, contaba que en los años 80 él era fanático de la serie “El auto fantástico”, y que no podía entender cómo las automotrices no avanzaban para crear un coche inteligente que circulara sin conductor. Y que la inmovilidad de las terminales tradicionales lo llevaron a impulsar el ‘selfdrivingcar’ de Google, en paralelo con los esfuerzos de Tesla, Apple y otras compañías de tecnología.

En el 2016, todas las grandes marcas de autos ‘setearon’ este futuro de vehículos sin chofer en sus estrategias de inversión, a la par que gobiernos ya fijan guías para el desarrollo de esta tecnología (con la administración de Barack Obama como pionera). Este relato, sin embargo, está lleno de mitos y falsos conceptos. Un trabajo de Alexander Harris, experto en tecnología, releva un top 10 de debilidades frecuentes en este tipo de futurología. Una de sus primeras recomendaciones es sacarnos a Kit de la cabeza: los primeros vehículos sin chofer no estarán destinados al mercado de consumo masivo, sino a flotas de taxis y a transporte urbano en ciudades sin clima extremo. Esto es así porque si cualquiera de nosotros compra un auto autónomo espera poder circular en cualquier lugar del país, y los mapeos y sensores para condiciones duras de clima (nieve, lluvias torrenciales) aún tardarán unos años en desarrollarse, con lo cual los recorridos urbanos, predeterminados y a velocidades bajas serán la punta de lanza de esta tecnología.

Harris también explica que el cambio no será gradual. Aquí habrá un salto discreto, y es falso que las primeras versiones involucrarán algoritmos supervisados por humanos, porque las personas no tenemos capacidad de atención intensa durante períodos largos (un viaje de una hora, supongamos), y los riesgos de este manejo mixto son muy altos.

El experto también piensa que los vehículos sin chofer se masificarán antes de lo que pensamos (porque los ahorros asociados son fabulosos, en términos de tiempo de los conductores) y porque los modelos de negocios de este campo tienen lo que en economía se llaman externalidades de red: hay mucho incentivo a la concentración, y el premio para el que llega primero es enorme. La profecía autocumplida con el motor (seguramente eléctrico, en este caso) acelerado al máximo.

(*) Este artículo fue elaborado “La Nación” de Argentina, integrante de Grupo de Diarios América.

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