La última semana de abril estuvo marcada por decisiones clave de política monetaria en un contexto de mayor presión inflacionaria global. El conflicto en Medio Oriente y el riesgo sobre el flujo del petróleo por el Estrecho de Ormuz han vuelto a elevar los precios de energía, complicando el trabajo de los bancos centrales justo cuando los mercados empezaban a descontar una normalización gradual de las tasas, explicó Scotiabank en su reporte.
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En este escenario, las reuniones de la Reserva Federal (Fed), el Banco Central Europeo y el Banco de Inglaterra fueron relevantes porque estas instituciones fijan el precio del dinero en los sistemas financieros más grandes del mundo e influyen sobre Treasuries, dólar, bolsas, spreads y flujos hacia mercados emergentes.
En los tres casos, el consenso esperaba tasas sin cambios, por lo que la atención estuvo menos en la decisión y más en el tono de los comunicados, las votaciones internas y la lectura de riesgos hacia adelante
En Estados Unidos, la Reserva Federal mantuvo el rango de la tasa de fondos federales en 3,50% – 3,75%, por tercera reunión consecutiva desde el recorte de diciembre. Esto se da en un contexto donde la inflación interanual fue de 3,3%. La decisión fue esperada, pero la votación fue el principal cambio: el FOMC aprobó mantener la tasa con ocho votos a favor y cuatro disensos, la mayor división desde 1992.
Stephen Miran prefirió un recorte de 25 pbs, mientras que Beth Hammack, Neel Kashkari y Lorie Logan apoyaron mantener la tasa, pero rechazaron conservar un sesgo de flexibilización en el comunicado.
Cabe precisar que Jerome Powell terminará su mandato como presidente de la Fed el 15 de mayo, aunque confirmó que seguirá como gobernador por un periodo aún no definido. Ese mismo día, el Comité Bancario del Senado aprobó la nominación de Kevin Warsh por 13-11, por lo que asumiría la presidencia de la Fed una vez completada la confirmación del Senado.
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En la Eurozona, el Banco Central Europeo mantuvo la tasa de depósito en 2%, la tasa de refinanciación en 2,15% y la facilidad marginal en 2,40%, en línea con lo esperado. Sin embargo, el tono también fue más cauteloso: el BCE advirtió que el conflicto en Medio Oriente y las disrupciones en los flujos de energía elevan los riesgos al alza para la inflación (3,0% actualmente) y a la baja para el crecimiento. “La Eurozona llega con una actividad más débil que la de Estados Unidos, pero con mayor sensibilidad a un shock energético prolongado”, indicó Scotiabank.
En Reino Unido, el Banco de Inglaterra mantuvo la Bank Rate en 3,75%, pero la votación de 8-1 mostró el sesgo más hawkish entre los tres bancos centrales. El único voto disidente fue de Huw Pill, economista jefe del BoE, quien prefirió subir la tasa a 4,00%.
En conjunto, la semana confirmó que la pausa monetaria global no equivale a una señal expansiva. La Fed quedó más dividida, el BCE se mostró condicionado por el deterioro del balance entre inflación y crecimiento, y el BoE fue el más explícito sobre el riesgo de persistencia inflacionaria.
Hacia las próximas reuniones, el punto común será el precio de la energía: si el shock se modera, los bancos centrales podrían sostener la pausa; si el petróleo permanece elevado y las expectativas de inflación vuelven a subir, el mercado tendrá que seguir ajustando la expectativa de recortes y convivir con tasas soberanas más altas por más tiempo.
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