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"Bolsas plásticas: lo gratis sale caro", por Alejandro Falla

El uso indiscriminado de bolsas plásticas genera una externalidad negativa

Alejandro Falla

(Foto: Bloomberg)

(Foto: Bloomberg)

En un viaje por Estados Unidos pasé por una librería. Me compré un par de libros. Al momento de pagar, luego de preguntarme si era o no socio del club de descuentos de la librería, me preguntaron si quería o no una bolsa. Rara pregunta, pensé. A quién se le ocurre hacer ese tipo de preguntas. Dije que sí, por supuesto. Luego de ello la amable cajera me informó que tenía que pagar US$0,05 centavos por la bolsa.

“¡Qué! ¿Me van a cobrar por la bolsa? Eso no pasa en mi país” pensé. Aturdido por la situación, no hice cálculo alguno (eran unos pocos centavos) y pedí que me dieran los libros sin bolsa alguna. Finalmente, no era grave. Podía colocar los libros en mi mochila.

Probablemente, si no me hubieran intentado cobrar por la bolsa, esta hubiera terminado en la basura luego de un viaje inútil en mi mochila. Alrededor del mundo un gran número de países vienen ensayando distintas medidas –desde impuestos hasta su total restricción– para reducir el consumo de las bolsas plásticas, debido a las consecuencias medioambientales generadas por su uso indiscriminado. Llama la atención que estas medidas también se hayan aplicado en países de Asia y África. En América Latina, destaca el caso de Colombia. A partir del 1 de julio del 2017, los establecimientos comerciales que entreguen bolsas, cuya finalidad sea cargar o llevar productos vendidos a sus clientes, deberán cobrar un impuesto de 20 pesos por cada bolsa a las personas que la reciban; este se incrementará 10 pesos cada año, de manera que para el 2020 llegará a 50 pesos por bolsa (US$0,05).

Respecto a la efectividad de estas medidas, un estudio preliminar elaborado por investigadores de la Universidad de Nueva York y la Universidad de Chicago, junto a un laboratorio de diseño de comportamiento, muestra una reducción de 40% en el uso de las bolsas luego de que se aplicó en Chicago un impuesto de US$0,07 centavos, a partir de febrero del 2017. Antes de implementar el impuesto, los consumidores utilizaban en promedio dos bolsas por visita a un centro comercial, y un 80% de consumidores usaban por lo menos una bolsa. Después del impuesto el uso promedio bajó a una bolsa por visita, y menos de un 50% de consumidores utilizó una bolsa.

En el Perú, las bolsas plásticas nos vienen gratis en la bodega, la panadería o en los supermercados. Cuando algo nos sale gratis, el consumo aumenta más allá de lo que resulta razonable. Que recibas el pan metido en una bolsa de papel y luego en una bolsa plástica no parece razonable. Las bolsas terminan en la basura o dando vueltas por las ciudades. Nos hemos convertido en ciudades “bolsas de plástico”.

El uso indiscriminado de bolsas plásticas genera una externalidad negativa. Quienes lo generan no perciben los costos que su actividad impone a otros. Pequeños incentivos (empujoncitos) impulsados desde el Estado pueden hacer que la gente tome decisiones en la dirección correcta. Establecer un impuesto pequeño pero significativo por el uso de las bolsas plásticas podría ayudar a resolver este tipo de problemas. Lo gratis nos puede salir muy caro.

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