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Censo: ¿Cómo han cambiado los hogares peruanos desde 1993?

Desde el censo de 1993, los hogares mejoraron notablemente su calidad de vida. Pero persisten las brechas en la modernidad de los artefactos y la infraestructura de las viviendas

Censos

Los indicadores utilizados en los censos evolucionan al ritmo de la modernización del país. (Foto: El Comercio)

Los indicadores utilizados en los censos han evolucionado al ritmo de la modernización del país. (Foto: El Comercio)

Los indicadores utilizados en los censos evolucionan al ritmo de la modernización del país. (Foto: El Comercio)

Veinticuatro años y nueve millones de personas atrás, el censo nacional que realizaba en cada hogar peruano el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI) no solo hacía la hoy anacrónica medición de cuántos equipos de VHS había en cada casa. También concluía con tristeza que en el 49,6% de las viviendas los pisos eran de tierra.

“Dos décadas atrás, los materiales del piso eran el indicador de pobreza por excelencia. Ahora, se miran más factores como el hacinamiento o el combustible usado en los hogares”, señala Hugo Ñopo, investigador principal del Grupo de Análisis para el Desarrollo (Grade).

Con 53,9% de pobreza y 23,3% de pobreza extrema, el censo de 1993 mostraba un Perú donde solo el 8% de sus 22 millones de habitantes tenía lavadora; 8,3%, teléfono fijo; y 26%, refrigeradora. El desarrollo económico que tuvo el Perú hasta llegar al 2016 muestra una relación evidente entre el crecimiento del PBI y la evolución que hubo dentro del hogar peruano promedio.

“Teniendo mayores ingresos, las personas que querían mejorar sus paredes de quincha finalmente pudieron hacerlo. En el 2007, el ingreso promedio mensual por hogar era de S/791, mientras que en el 2016 ya era de S/1.008”, comenta Víctor Fuentes, economista regional del Instituto Peruano de Economía (IPE).

Los mayores ingresos fueron correspondidos a su vez con un mayor gasto promedio: S/1.538 en el 2007 versus S/1.731 en el 2016.

El año pasado, con 20,7% de pobreza, el 28% de hogares tenía piso de tierra: predominaba con un 45% el de cemento o ladrillo. Asimismo, la tenencia de los artefactos (televisores, radios, lavadoras, etc.) y servicios (teléfonos móviles, conexión a Internet, televisión por cable) ha mostrado un continuo crecimiento.

BRECHAS POR CERRAR
Si bien los promedios reflejan una mejora en cuanto a calidad de vida según los censos de 1993 y del 2007, así como por otros estudios cercanos previos al censo del 2017, las brechas entre regiones son un reflejo de la centralización de la economía.

“Los índices de acceso al agua y electricidad en Loreto, por citar un caso, son muy bajos, lo que lleva a entender por qué los hogares no invierten en, por ejemplo, lavadoras o refrigeradoras”, comenta Fuentes.

En los tres períodos analizados, la tendencia indica que la costa, especialmente el departamento de Lima, es la región que siempre ha concentrado la mayor cantidad de bienes modernos e infraestructura de mejor calidad, seguida por la sierra y finalmente la selva.

De acuerdo al INEI, entre abril y junio del 2017, el 55,6% de los hogares de Lima Metropolitana disponía, por lo menos, de una computadora y acceso a Internet, seguido por el resto de la zona urbana del país con 37,4% y solo 5,2% en los hogares rurales.

NUEVO CENSO 2027
Los indicadores utilizados en los censos evolucionan al ritmo de la modernización del país. “Durante décadas, una variable para medir la pobreza por tomar en cuenta era si teníamos teléfono fijo. Eso hoy es irrelevante”, comenta Carolina Trivelli, investigadora principal del Instituto de Estudios Peruanos.

Fuentes indica que la tendencia apunta al crecimiento de generadores de energía sostenible, comenzando por zonas de la selva y sierra, donde el acceso a la red nacional de electricidad es limitado.

“El uso de paneles solares está creciendo en la sierra y en la selva. Generar calor en épocas de friaje y ventilación para las temperaturas selváticas es una tendencia que ya está dándose en estas regiones”, sostiene Fuentes.

Se espera, finalmente, que la tendencia mostrada desde 1993 continúe y que el nuevo censo del 2027 confirme que los terrales como suelo de las habitaciones son cosa del pasado.

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