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Casi casi como en el 2015, por Juan Carlos Odar

“Una reforma tributaria es necesaria, pero en ausencia de políticas que reformulen el gasto sería incompleta", afirma el editor de Economía de El Comercio.

BCR

El BCR ha mantenido la tasa de interés de referencia estable desde abril de 2018. (Foto: GEC)

El Banco Central de Reserva (BCR) ha dado a conocer que el déficit fiscal acumulado en los últimos doce meses, hasta marzo, fue equivalente a 1,9% del PBI. Considerando solo datos trimestrales, este déficit es ligeramente menor al del cierre del 2015, cuando fue 2% del PBI. Vale la pena comparar la situación fiscal actual con el resultado de ese momento.

Lo primero que debemos notar es que los ingresos corrientes resultan ahora equivalentes a 14,5% del PBI, tasa notablemente inferior al 15,2% del PBI logrado en el 2015. Entre las causas de ese resultado destacan el decrecimiento relativo en la recaudación por IGV (de 8,5% a 8,2% del PBI) y por Impuesto a la Renta (de 5,7% a 5,6% del PBI). Si bien prácticamente no ha habido cambio en el peso de los otros impuestos, la diferencia adicional en la recaudación resulta generada por las devoluciones, que han crecido a 2,2% del PBI frente a 1,9% del PBI hace poco más de tres años.

Para que el balance sea similar al del 2015, dado que la recaudación actual es menor que la de entonces, el gasto también tiene que haber caído. En efecto, eso es lo que ha pasado: los gastos corrientes se han reducido de 15,9% a 15,1%; mientras que los de capital, de 5,4% a 4,7%. Pero la caída en la formación de capital se ha dado solo en los niveles nacional y regional, mientras que se incrementó ligeramente en el local.

Lo presentado sugiere que cuando se habla de la necesidad de una reforma tributaria, en realidad se sugiere una reforma incompleta. Lo que se necesita es una reforma fiscal integral, que considere también la dinámica y ejecución del gasto. Por ejemplo, los gobiernos regionales en los últimos cuatro trimestres han sido responsables de la ejecución de casi el 20% de la inversión pública; sin embargo, dependen solamente de ingresos no tributarios y de transferencias. Por otro lado, la atomización de las municipalidades es un factor que en muchos casos reduce la eficiencia en la ejecución del gasto.

En ese sentido, la reducción del déficit fiscal es un indicador parcial, pues responde a una caída de gastos más acentuada que la de los ingresos. Pero si vemos la deuda pública, podemos concluir que la situación fiscal en realidad es algo más deteriorada que la de hace tres años: la deuda pública como porcentaje del PBI a diciembre era 25,7% del PBI, su mayor nivel en 9 años, frente al 23,3% del PBI registrado en el 2015.

De esta manera, una reforma tributaria es necesaria, pero -en ausencia de políticas que reformulen la ejecución del gasto público- sería incompleta.

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