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La ‘buena’ improvisación, por Federico Cúneo

Para crear nuevos esquemas, sistemas, negocios y relaciones, que los cazatalentos deben poder distinguirla

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“Los ejecutivos incapaces de improvisar son aquellos que se congelan frente a lo improvisto”.

“Los ejecutivos incapaces de improvisar son aquellos que se congelan frente a lo improvisto”.

Los cazatalentos ‘leen’ gente. Así describimos técnicamente lo que hace un buscador de talento. Pero hay mucho más, se necesita de intuición y detectar la capacidad de improvisación de un candidato a una gerencia o dirección.

La primera ‘i’ proviene de la intuición. Cuando uno ha estado involucrado en la lectura de gente con el afán de conseguir a la persona ideal para su cliente, es cuando los sentidos se afinan y se desarrollan para escoger al candidato idóneo. Pero no solo se requiere de intuición a la hora de ‘leer’ al candidato, también hay que apreciar la intuición que tiene el candidato, lo que llamaremos su capacidad para improvisar, la segunda ‘i’.

 Ambos procesos, intuir y detectar la capacidad de improvisación del candidato, pasan por saber cómo llevar una entrevista que muestre su talento bajo un típico guion; pero también fuera de él, para saber y comprender cómo improvisa. La improvisación a las cuestiones, desde diferentes ángulos, permite mostrar las capacidades de un candidato.

 Los libros llaman a esta capacidad ‘preparación’ o ‘planificación para comunicar’, pero solo el entendimiento de cómo un candidato improvisa, donde hay mucho de intuición, hace que aparezcan elementos que diferencian a una persona de otras y lo describan a profundidad.

Ludwig Van Bethoveen era un genio de la música que adicionalmente destacaba por su capacidad de improvisar frente al público, al que deleitaba con composiciones que variaba a su antojo. Lionel Messi siempre echa mano de su capacidad de improvisar para ganar.

Lo mismo pasa con un gerente o un ejecutivo. Tiene un guion a seguir, pero su capacidad de improvisación le permite sacar el máximo provecho a los segundos, minutos o momentos de lucidez que tiene para dar un giro de timón. Allí es donde está su real valor.

 Y es que en la improvisación para crear nuevos esquemas, nuevos sistemas para hacer las cosas, nuevos negocios, nuevas relaciones entre personas que conoce es cuando puede dar un salto cuántico para lograr sus objetivos. Y hay que saber detectar esa capacidad.

Uno de los ejercicios que más ayuda en este proceso es la ‘lectura’ de uno mismo. A nivel de ejecutivos, donde todos los que compiten por un puesto tienen más o menos las mismas competencias, este conocimiento de uno mismo, la capacidad para improvisar frente a situaciones difíciles, permite predecir quién va a salir adelante.

Un buen cazatalentos desarrolla una intuición para detectar quién es un buen improvisador. Y esa intuición se desarrolla en base a conocerse uno mismo. Con ello se tienen más elementos para intuir sobre las capacidades de otros para improvisar. Aquellos ejecutivos incapaces de improvisar son aquellos que se congelan frente a lo imprevisto. Solo las empresas con líderes preparados para improvisar, en el mejor sentido de la palabra, seguirán siendo competitivas.

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Federico Cúneo


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