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La brújula y el horizonte: liderar hoy con la mirada en el mañana
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En 1588, Felipe II, rey de España, envió a su llamada “Armada Invencible” a luchar contra Inglaterra para proteger los intereses del imperio y asegurar las rutas marítimas. No solo enfrentó a la armada enemiga: también a los vientos y tormentas del Atlántico, que terminaron hundiendo naves antes de alcanzar puerto seguro. La historia recuerda esos hechos no solo por la derrota, sino por la lección que dejó: ni la mayor de las fuerzas sirve si se pierde el rumbo cuando cambian el viento y el mar, y no se han anticipado las tempestades.
Hoy, los líderes empresariales navegamos en un océano igualmente agitado. Y no basta con contemplar el horizonte: hay que sostener la brújula y tomar decisiones que nos lleven al mañana que necesitamos. Las aguas globales están movidas: conflictos armados, alianzas comerciales fragmentadas o en reconfiguración, polarización, cambio climático y riesgos tecnológicos. Ignorar esta turbulencia es condenarse a la deriva.
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En el Perú, sin embargo, hay vientos favorables que podemos aprovechar. El puerto de Chancay puede convertirnos en el principal hub logístico del Pacífico; la agroexportación sigue ganando espacio en mercados de alto valor; el cobre y otros minerales críticos serán esenciales en la transición energética y el desarrollo tecnológico. Pero ninguna de estas oportunidades llegará a buen puerto sin un liderazgo coordinado (político, empresarial y social) que construya una visión de país compartida y con decisiones que trasciendan el corto plazo. Liderar en este contexto nos exige un pacto con el futuro. No basta con vivir en el mundo que heredamos; el verdadero desafío es atreverse a construir el que dejaremos. Eso implica anticipar, para leer las señales antes de que la ola nos alcance; innovar, invirtiendo en capacidades y tecnología; cooperar, tendiendo puentes entre sectores y regiones; e inspirar, movilizando talento y confianza.
La “Armada Invencible” no fue derrotada solo por el poder inglés, sino por la falta de previsión y la ingenuidad de creer que el viento siempre soplaría a favor. Que no nos ocurra lo mismo. Mantener la brújula firme, incluso con el mar embravecido, es nuestra responsabilidad. Si actuamos hoy, el horizonte puede estar mucho más cerca de lo que parece.

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