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El permanente estado de inestabilidad política en el que se encuentra el Perú en los últimos años se reafirmó el viernes 10 de octubre, cuando el Congreso aprobó –de manera rápida y por unanimidad– el proceso de vacancia contra Dina Boluarte. La destitución de Boluarte dio pase a la asunción del octavo presidente de la República de la última década, José Jerí, quien asume las riendas de un país fuertemente impactado por la inseguridad ciudadana, y que se acerca a un nuevo proceso electoral. Y aunque el hecho sorprendió a más de uno, la evidencia ha demostrado que para los agentes financieros e internacionales lo ocurrido fue, en el corto plazo, una raya más al tigre.
“El jueves –horas antes de la vacancia– mandé una nota informativa mencionando que muy probablemente iban a vacar a la presidenta del Perú”, comenta a Día1 Jaime Reusche, vicepresidente del Grupo de Riesgo Soberano de Moody’s, agencia que sigue de cerca la salud de los indicadores macrofiscales del país. “Pero en realidad lo que dije fue: ‘markets will shrug’ (los mercados se mostrarán indiferentes)”, agrega.
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Y eso fue lo que ocurrió. Un día después de la vacancia, el alza de precio en el dólar fue marginal, el movimiento en la bolsa de Lima fue ínfimo, y el empresariado solo se mantuvo alerta a las noticias sobre la elección del ministro de Economía del primer Gabinete Jerí; una noticia que, a esas alturas, era la de mayor importancia para dichos ‘stakeholders’. En palabras de Reusche, más allá de que el caos político sea insostenible, los agentes económicos optaron por darle –una vez más – el beneficio de la duda al Perú, reconociendo así el aislamiento del manejo macroeconómico y fiscal del país frente a lo que ocurre en el espectro político local.
“Para [los mercados] el piloto son las autoridades que conducen a las instituciones económicas, no tanto el presidente de turno”, sentencia Reusche.

Patricio Vimberg, director asociado y analista principal de la calificación del Perú en S&P Global Ratings, explica la manera en que la agencia crediticia comprendió los hechos ocurridos en el Perú en los últimos días: “La rápida destitución de la presidenta es un episodio más que refleja esta debilidad institucional que hemos visto a lo largo de la última década. [Pero], gracias a estas anclas institucionales, el país ha logrado construir un historial de política monetaria creíble, ha contenido los riesgos externos, ha mantenido un nivel de deuda pública aún bajo –a pesar de cierto deterioro en los resultados fiscales –,y eso explica, en parte, por qué el impacto inmediato ha sido algo limitado”.
Tanto para Reusche como para Vimberg, las anclas institucionales que han permitido que se contenga el deterioro de los fundamentos macro de la economía peruana son el Banco Central de Reserva (BCR) y en Ministerio de Economía y Finanzas (MEF). “Son dos instituciones que, a pesar de los episodios de incertidumbre política que vimos, han permitido que la macro siga avanzando relativamente bien”, explica Vimberg.
Para Reusche, de no ser por dichas instituciones, la lógica mandaría que el Perú se mueva de una crisis económica a otra, como ocurre en Bolivia y Argentina. Aunque, explica, el posicionamiento de ambas entidades de cara a los inversionistas ha variado. “Claramente el peso que tiene el BCR es importantísimo. Pero no es porque toda la confianza en el MEF se haya esfumado, sino porque hay menor peso del MEF en cuanto a ser un garante de la estabilidad. Es cierto que el MEF se ha desprestigiado –en parte–, pero no se ha perdido del todo la credibilidad [en el sector]; y yo creo que, si se hubiese perdido más credibilidad del MEF, sí hubiésemos sentido aún más volatilidad”, detalla el economista.

Pese a las diferencias de fortaleza entre el BCR y el MEF, sobre dichos cimientos se ha sostenido la resiliencia económica que ha caracterizado al Perú durante los últimos dos años. En palabras de Eduardo Jiménez, jefe del Sistema de Información de Macroconsult, los acontecimientos políticos del Perú ya “no son un evento extraño” para los inversionistas.
En el escenario actual, Hugo Perea, economista jefe de BBVA Research en Perú, opina que existe cierta tranquilidad respecto a que el nuevo presidente “no se perciba como una modificación en la conducción económica del país”. Mario Guerrero, gerente de Estrategia de Inversiones de Scotiabank, añade que la resiliencia económica del Perú se sustenta, también, sobre la solidez de los principales indicadores de la macroeconomía peruana, como un bajo nivel de deuda pública y reservas robustas (que equivalen a 28% del PBI).
“Desde ese punto de vista, son fortalezas que nos ayudan a enfrentar eventuales choques”, anota Perea.
El aguante de la economía
Los especialistas consultados por Día1 coinciden en que una deuda baja, una posición externa sólida y una política monetaria creíble – garantizadas por las instituciones económicas del país – son los elementos que permiten que el Perú se mantenga firme en medio del tumulto político. Aunque, Constanza Pérez Aquino, directora en S&P, anuncia una advertencia importante: “[...] la dinámica política está, de cierto modo, internalizada por el mercado, pero es un equilibrio muy débil. Hay riesgos que podrían trasladarse a la macro; y ese vínculo entre la dinámica política y los efectos macroeconómicos es lo que estamos observando de cerca y lo que eventualmente podría afectar la calificación [del Perú]”.
Ciertamente, el horizonte a cinco años se torna más incierto, especialmente para las inversiones de largo plazo. “Estas cosas pueden cambiarte el período de planeamiento o de planeación de inversiones más largas, porque no sabes en qué momento pueda cambiar el presidente”, destaca Jiménez. El economista añade que, por el lado del consumo, como la adquisición de activos a largo plazo –desde inmuebles hasta vehículos– también se puede ver afectada por una alta dosis de incertidumbre.

Para Moody’s, el impacto no es tan severo en la confianza del consumidor, pero sí puede serlo en el motor de la actividad económica peruana: la inversión privada. “La inversión privada siempre ha actuado como un amplificador: cuando la economía está creciendo fuertemente es porque la inversión privada está volando. Y si no hay seguridad para las inversiones de largo plazo –lo vemos ahora en el ‘pipeline’ de inversiones mineras, que suelen ser más ampliaciones en lugar de obras nuevas con horizontes de cinco años a más–, ese impulso se perderá”, apunta Reusche.
Guerrero recuerda, también, que el crecimiento potencial ya se ha visto afectado por las crisis políticas. “Hace 10 a 15 años atrás hablábamos de un crecimiento potencial de 6%. Hoy en día estamos hablando de un rango entre 2,5% y 3%, o sea, casi la mitad. Si continuamos debilitando la institucionalidad, ese crecimiento potencial puede ir bajando a 2% o a 1%, y eso sí complicar mucho más la creación de empleo y la reducción de la pobreza”, resalta.
Acercándonos al período electoral, Perea advierte que “si la inestabilidad política se vuelve persistente, termina subiendo el riesgo país; y si sube el riesgo país, suben las tasas de interés y eso nos afecta a todos también”.
De esta manera, se abre una oportunidad para el gobierno de transición de José Jerí y para la nueva ministra de Economía, Denisse Miralles. Según Perea, su principal reto será contener las iniciativas de corte populista que amenazan la sostenibilidad de las finanzas públicas. Por su parte, Jiménez advierte que el rol del MEF será determinante: deberá tener la firmeza para rechazar las propuestas que no favorezcan a la economía y, si fuera necesario, la valentía de presentar su renuncia ante medidas con las que no esté de acuerdo.

“La credibilidad eventualmente se va a esfumar si es que se mantiene esta dinámica [política], por dos aspectos: primero, no darle continuidad a la gestión del ministro o ministra de economía de turno; y segundo, muchos, incluyendo nosotros, estamos esperando que las elecciones del 2026 sean un punto de quiebre. Si no [lo es], por lo menos un punto donde la configuración política del país se empiece a asemejar a algo más normal, en comparación a este proceso en el cual el país entró en trompo desde el 2017, donde gira, pero no va a ningún lado”, puntualiza Reusche.
El escenario electoral
Para S&P Global Ratings, una gran expectativa descansa encómo se ejecutará el funcionamiento del Estado con la reincorporación del Senado de la República. “Esta nueva institución podría funcionar para mitigar algunas de las medidas más radicales que se puedan tomar en términos de aumento de gastos desde el Congreso, aunque, por supuesto, esto dependerá de su conformación y la capacidad que la institución como tal tenga para influir en las políticas”, considera Vimberg.
A nivel financiero, el Perú registra una mayor oferta de dólares impulsada por el pago de impuestos, el incremento del ingreso de divisas debido al alza de las exportaciones –favorecidas por una mejor cotización del cobre– y la venta de activos por parte de las AFP para atender el octavo retiro de fondos de pensiones. No obstante, esta tendencia podría revertirse el próximo año electoral, advierten los especialistas consultados.

“En el caso del Perú, la elección siempre tiene un nivel de incertidumbre mucho más alto. Así que esas son las consideraciones que tenemos para el tipo de cambio”, informa Guerrero.
De acuerdo con Perea, la volatilidad del dólar podría ser intensa en el primer trimestre del próximo año; aunque todo dependerá de los anuncios de los candidatos. “Si hay una opinión disonante cuestionando la economía de mercado, la inversión, etc. ese tipo de cosas podrían eventualmente generar algo de ruido y en ese entorno la volatilidad cambiaria, pero no sabemos todavía eso porque no hemos visto una definición por el lado de las ofertas electorales”, detalla.
Por su parte, Jiménez espera una subida importante entre abril y junio, luego de la primera vuelta, lo que podría repercutir en el precio de los bonos. Aún así, se mantiene la expectativa de los precios del cobre que podrían ayudar a contrarrestar la volatilidad.
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