La inflación mensual en Venezuela habría sido de 221% en noviembre del 2016, lo cual equivale a que los precios se dupliquen cada 17 días. (Foto: AFP)
La inflación mensual en Venezuela habría sido de 221% en noviembre del 2016, lo cual equivale a que los precios se dupliquen cada 17 días. (Foto: AFP)
Juan Carlos Odar Zagaceta

Si quien lee estas líneas es mayor de 40 años, muy probablemente recuerda aquel mensaje del entonces ministro de Economía, Juan Carlos Hurtado Miller, que terminó con la imploración “que Dios nos ayude”. Solo en ese mes (agosto de 1990), la fue de casi 400%, lo que quiere decir que entre el 31 de julio y 31 de agosto los precios en promedio se cuadruplicaron. Asimismo, en 365 días los precios subieron 12.377%, es decir que se multiplicaron por casi 125 en ese lapso.

El segundo mes con mayor inflación de nuestra historia republicana fue setiembre de 1988. En ese mes, la inflación fue 114%, y la acumulada de los últimos doce meses fue 817%. Esta ocasión tal vez no la recuerde, pero fue el momento de implementación del llamado Plan Cero, con Abel Salinas como ministro. 

Tomemos la inflación mensual de 114% –lo que quiere decir que los precios más que se duplican mes a mes– e imaginemos algún país en el que esta tasa se repite mes a mes a lo largo de un año. Como en la historia que se atribuye al inventor del ajedrez, el salto a primera vista no se percibe tan grande; sin embargo, al cabo de doce meses los precios se habrán multiplicado por casi 10.000, una inflación cercana al 1’000.000%. Según las proyecciones más recientes del FMI, esa será la inflación de Venezuela en el 2018, lo que significa que a lo largo de este año su inflación promedio mensual habrá sido superior a 114%.

A pesar de lo terrible de estos números, quedan lejos de los peores de la historia, entre los que destacan los de Hungría 1945-46, Yugoslavia 1992-94, Alemania 1922-23 y Grecia 1941-45, países en los que los precios se duplicaron en menos de 5 días (y en el primero, en menos de un día). Pero como destaca un reciente artículo de “The Economist”, tiene que haber algo extraordinario como una guerra, una revolución o una incompetencia épica para que el desastre alcance esa escala. Queda claro que en el caso de Venezuela, la razón es una muy diferente de la que enfrentaron los países europeos mencionados.

En el Perú, las inflaciones altas han quedado como parte de una historia cada vez más lejana. De hecho, hemos mantenido inflaciones de un solo dígito por más de veinte años, más tiempo incluso que Colombia o México, países cuyas variaciones de precios no llegaron a ser tan altas como las del Perú en los 80. Y ello fue consecuencia de un cambio institucional, que dotó de independencia al . Viendo hacia atrás, tal vez Dios nos ayudó. Pero justo es reconocer que también tuvimos que poner de nuestra parte.