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Pesqueras: ¿pueden ajustar sus finanzas ante incertidumbre?

Las menores cuotas y capturas de anchoveta obligan a las pesqueras industriales a reperfilar sus deudas y congelar sus planes de crecimiento, con la expectativa de un mejor 2018

Industria pesquera se enriquecería de información científica

El 2017 no fue el año de gran crecimiento que prometía para el sector pesquero industrial, enfocado en la captura de la anchoveta para la fabricación de harina y aceite de pescado. Comenzó auspicioso por la presencia de las aguas cálidas de El Niño costero, que incidieron en una mayor disponibilidad del recurso durante la primera temporada, que cerró con un 85% de la cuota capturada. Además, la presencia de El Niño permitió activar cláusulas en los contratos de financiamiento para dilatar el pago de deudas, hasta que las condiciones se normalizaran.

Pero el invierno llegó y las aguas frías se extendieron más de lo normal, hacia la primavera, lo que resultó en un menor desarrollo del recurso, una mayor presencia de juveniles (92%) y la consecuente suspensión de la segunda temporada de noviembre a la primera semana de este mes.

Esta situación ha abierto la posibilidad de incumplimiento de los compromisos de venta a futuro de harina de pescado contraídos de cara a la segunda temporada. Humberto Speziani, presidente del comité de ingredientes marinos de la Sociedad Nacional de Pesquería (SNP), precisa que la preventa va del 30% al 70%, según la compañía.

Ante una segunda temporada cuya cuota se anticipa incompleta, la expectativa está puesta en la primera temporada de pesca del 2018, que se perfila extraordinariamente buena. Según Víctor Matta, CEO del Grupo Exalmar, se espera al menos 11 millones de toneladas de cuota anual. Dicho volumen permitiría alcanzar los 4 millones de toneladas anuales que, según la SNP, son el mínimo necesario para garantizar la rentabilidad del sector.

Aun así, para Juan Carlos Sueiro, experto de la asociación Oceana, nada está dicho sobre la disponibilidad del recurso. A su juicio, es probable que la anchoveta se esté adaptando a nuevas condiciones oceanográficas y que “los años dorados” ya no regresen. En el Imarpe reconocen la alta variabilidad del mar peruano e informan que la disponibilidad del recurso podría ser alterada por la aparición de aguas cálidas extremas. Hasta la semana pasada, las condiciones eran moderadas a ligeramente frías.

REPARO FINANCIERO
Aunque no en la magnitud de El Niño del 97-98, que supuso una reestructuración dramática del sector, la incertidumbre sobre la anchoveta golpea nuevamente los balances de las empresas pesqueras. Según Víctor Gordillo, head of Corporate Clients and Corporate Finance de BBVA Continental, la demora en la segunda temporada de pesca ya impacta en la rentabilidad y el perfil financiero del sector. “Tienen las manos atadas hacia atrás”, sostiene.

Así, el sector pesca lidera, junto con la construcción y el ‘retail’, la percepción de riesgos para los bancos, una situación que se agrava por la incertidumbre política y la rotación de ministros en el Produce, cartera que, con la asesoría científica del Imarpe, toma las decisiones sobre la cuota pesquera.

“Los departamentos de riesgos van a comenzar a decir: ‘en estas industrias vas a tener que ser más cauteloso’”, sostiene Gordillo. Según el ejecutivo, la reacción de los bancos ha sido limitar la entrega de créditos de largo plazo (de cinco a siete años), prefiriendo los de corta extensión (hasta tres años), en particular para financiamientos de capital de trabajo o cartas fianzas.

“Existen apuros económicos en la mayoría de las empresas pesqueras. No solo en la pesca de la anchoveta, sino en general”, advierte Luis Icochea, ex presidente del Instituto Tecnológico Pesquero. Icochea apunta que, para paliar la incertidumbre, las empresas se orientaron a la venta de pota, pero esta comenzó a escasear.

Ante ello, Speziani señala que los plazos de pagos de las empresas se han extendido de entre 30 y 60 días a entre 120 y 180 días.

Otra fuente de inquietud en el sector es la situación de Copeinca-China Fishery Group, que posee la segunda mayor cuota de anchoveta del mercado, a raíz de la compleja bancarrota de su matriz china. “La deuda local de CGF está siendo bien manejada. No está sobreexpuesta. El problema es de la holding. Hay una demora fuerte de pago a proveedores”, refiere Speziani, en relación a la corporación declarada en quiebra en noviembre del 2016, que en febrero próximo sería subastada en Estados Unidos.

La situación ha llevado a que varias pesqueras reperfilen sus deudas. Por ejemplo, Pesquera Centinela, que adquirió activos por US$60 millones el año pasado, ha optado por reestructurar su deuda a mediano plazo. “La deuda de la empresa en función al Ebitda (utilidad antes de intereses, impuestos, depreciación y amortizaciones) está en un ratio de 4 veces, pero estamos reperfilándola con banca local”, explica Rafael Montoya, gerente general de la compañía del Grupo Romero.

En tanto, Exalmar, cuya perspectiva fue mejorada por Moody´s de negativa a estable en setiembre, también va en esa dirección. A fines de diciembre, la firma anunció un recambio del bono de US$170 millones que vence en el 2020 por otro al 2025. La deuda fue tomada en el 2013 para ampliar las operaciones de jurel y caballa y reducir los compromisos con los bancos, explica Carlos Rojas, CEO de la gestora de activos Capia Safi, quien fue director en la compañía desde ese año hasta el 2015. El efectivo y equivalentes de efectivo de la empresa cubren dos veces su deuda de corto plazo, según Moody’s. “Un ratio encima de tres veces, para empresas con tanta volatilidad en sus ingresos, ya sería alto”, explica Rojas.

“La posición financiera de las empresas pesqueras es sustancialmente diferente a la de los 90 o fines de los 2000”, dice Matta y destaca la diversificación de las estrategias financieras tomadas. Al respecto, apunta que los créditos bancarios de corto plazo, junto a recursos propios, permiten evitar impagos a proveedores. Sin embargo, reconoce que las inversiones para crecer están congeladas. “El nivel de estas inversiones lo venimos manejando con posterioridad a cada campaña”, dice.

“Hay que tener mucha precaución con los gastos”, coinciden en TASA, la líder mundial del sector. La actual situación, sin embargo, no los sorprende. “Los industriales pesqueros estamos acostumbrados a estos vaivenes. Son inherentes a nuestro sector”, rematan.

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