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La falacia del sexto año de Humala, por Gonzalo Carranza [Opinión]

Puede ser una buena frase para un político de oposición, pero no la conclusión de un académico en materia económica

PPK agradece saludo de Humala y presidentes de Latinoamérica

¿Qué sustenta, entonces, la pegajosa frase de “el sexto año de Humala”? (Foto: El Comercio)

Decir que el primer año de PPK es “el sexto año de Humala” en materia económica puede ser una buena frase para un político de oposición, pero no la conclusión de un académico, salvo que este pase más tiempo en cónclaves partidarios y guerrillas tuiteras que analizando seriamente las políticas públicas. 


En política fiscal, por ejemplo, el enfoque del Gobierno en su primer año no pudo ser más distinto del de Humala. Alfredo Thorne ajustó el gasto público criticando lo recibido del régimen anterior. Pero, al mismo tiempo, cambió la trayectoria de convergencia dejada por Alonso Segura dos veces -una recién asumido el gobierno, otra tras El Niño costero- para tener mayor espacio fiscal a futuro.

Asimismo, Thorne descartó la regla de balance estructural empujada por Luis Miguel Castilla y por Segura, para reemplazarla por una regla basada en resultados observados que, como se ha advertido en repetidas ocasiones, hace procíclica la política fiscal.

No solo eso: las nuevas reglas fiscales que dejó Thorne priorizan el gasto de capital sobre el corriente, a tal punto que este último -expresado como proporción del PBI- tendería a caer fuertemente a lo largo del gobierno de PPK. Nada más opuesto a la preponderancia que se dio durante el período de Humala a aumentar el gasto corriente, bajo la premisa de que es un componente indispensable de las reformas en educación, salud, seguridad y servicio civil.

Aun más evidentes son las diferencias en política tributaria. Thorne abortó los cambios al impuesto a la renta corporativa hechos por Segura, con la convicción de que habían fracasado en estimular la inversión privada.

Además, el primer titular del MEF de PPK llegó con la propuesta -finalmente frustrada- de rebajar el IGV, mientras que en el gobierno anterior se contempló seriamente la idea de subirlo en caso de no poder revertir la caída de ingresos fiscales, siguiendo el ejemplo de la reforma tributaria de Colombia.

Y últimamente, el propio PPK ha tomado como bandera revertir los cambios que hizo Segura al sistema de pagos adelantados del IGV, pues considera que son la causa de la menor recaudación del IGV.

Pero las diferencias no se limitan al MEF. Allí está el debate Giuffra-Ghezzi sobre la diversificación productiva y sus herramientas, o las cruciales diferencias de enfoque en los destrabes de Chinchero, el Jorge Chávez y la línea 2. También la actitud más amigable con la inversión del Ministerio del Ambiente. Y queda para la ucronía imaginar qué habría pasado con el gasoducto del sur bajo un año más de gobierno nacionalista.

¿Qué sustenta, entonces, la pegajosa frase de “el sexto año de Humala”? Tal vez la continuidad, a regañadientes, de la modernización de la refinería de Talara. No hay mucho más. Por eso, como toda falacia, esta idea no aporta nada al debate económico, así se haya sumado con rapidez digna de mejor causa al catálogo de puyas políticas.

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