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El shock externo se ve duradero, por Juan Carlos Odar

“Las condiciones para el comercio internacional se están deteriorando de manera permanente”, señala Juan Carlos Odar, editor de Día 1 y de Economía de El Comercio

Exportaciones (Foto: GEC)

Exportaciones (Foto: GEC)

Desde julio del año pasado, la balanza comercial anualizada (es decir la suma de los últimos doce meses) ha venido decreciendo. Así, en julio del 2018 llegó a US$8.491 millones (por debajo del récord alcanzado en febrero del 2012: US$9.885 millones), mientras que a abril se redujo a US$6.430 millones. Desde julio, las exportaciones tradicionales se han reducido en 6%, mientras que las no tradicionales han crecido 3,8%. Sin embargo, estas últimas se han mantenido relativamente estancadas desde enero, ubicándose en los últimos meses ligeramente por debajo de los US$13.350 millones. 

En el caso del cobre, principal producto peruano de exportación, la caída ha sido más severa: el valor anualizado de las ventas del exterior a abril ha sido 7,8% inferior que en julio del año pasado. Pero el volumen exportado es 1,2% mayor que en ese entonces. Ello se debe a que el precio ha caído en 8,9%. Preliminarmente, esto nos indicaría que los impactos adversos provenientes del sector externo han sido más fuertes que los locales.  

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En el caso del oro, segundo metal en importancia para el país, la caída del valor exportado ha sido 8,7%. Pero aquí cayó tanto el volumen (5,8%) como el precio (3,1%). La interpretación es más compleja y la menor cotización del oro podría responder a una abundante oferta, a una moderada percepción de riesgo o a que este metal ha dejado de ser un evidente activo de refugio. 

Las importaciones vienen también cayendo, pero su máximo lo alcanzaron en octubre del año pasado. Desde entonces se han reducido 1%: las de bienes de consumo en 1,5% y las de insumos en 1,2%, mientras que las de bienes de capital se han mantenido estables. De hecho, desde el máximo más reciente de cada una, las importaciones de bienes de consumo se han contraído más (2,6%), mientras que las de capital solo 0,8%. 

Esto nos lleva a la inusual situación en que un indicador de consumo es más volátil que uno de inversión. La teoría nos explica que esta situación se debe a que los consumidores y las empresas interpretan la situación actual como un choque permanente, o al menos duradero, por lo que ajustan el consumo y no generan un mayor déficit en la cuenta corriente. Y la balanza en cuenta corriente se ha mantenido el último año relativamente estable entre 1,5% y 1,8% del PBI. 

Hasta ahí todo calza. Pero se esperaría que la inversión también caiga. De hecho, eso pasa en su componente no minero. En las importaciones no es evidente, porque la inversión minera en marcha sigue su propia dinámica. 

El mensaje desde el flanco externo es que las condiciones para el comercio internacional se están deteriorado de manera permanente. El papel de las reformas estructurales es clave para dinamizar nuevamente la economía.

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