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"Tablas que debe ver", por Gonzalo Carranza

"Quizá algún comentario en redes sociales lo haya desanimado, convenciéndolo equivocadamente de que son propaganda del terror", comenta el editor de Economía y Negocios de El Comercio

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"CELEBRACION POR LA CAPTURA (CAMARA GONZALO). Después de una larga lucha, sufrimientos de 12 años de terror encabezado por ese anticristo satanas Abimael Guzmán (camarada Gonzalo) al enterarse la captura el pueblo entero empezaron a salir a festejar en las calles ciudades pueblos de la costa sierra y la selva en todos los rincones del Perú llego la gloria dios todopoderoso es más grande ahora el anticristo pudre en la cárcel con otros de sus maldecidos el pueblo vive en total paz y alegría, los extranjeros turistas nos visita con absoluta confianza el pueblo peruano como siempre espera con brazos abiertos. Los migrantes a la capital por el terrorismo con el programa retorno del gobierno está volviendo masivamente a sus orígenes". (Fuente: MALI)

MALI

No recuerdo muchas cosas de cuando tenía 8 años, pero sí tengo impresas en la memoria las sensaciones de la mañana del domingo 13 de setiembre de 1992. Ahí están el departamento de Chacarilla al que mi familia se acababa de mudar, el radio a pilas encendido y mis padres atentos a las informaciones que se iban filtrando sobre el hecho que había creado esa penetrante mezcla de ilusión e incertidumbre, que incluso un niño podía sentir: la captura de Abimael Guzmán la noche anterior por parte del GEIN.

Me asalta este recuerdo mientras veo una de las hoy famosas tablas de Sarhua, esas obras de arte que fueron incautadas por unos días bajo la sospecha –ya descartada por las autoridades, pero torpemente explotada por algunos políticos, opinólogos y medios de comunicación–, de hacer apología al terrorismo.

Se trata de la tabla titulada “Celebración por la captura (camarada Gonzalo)”. En ella, el artista busca retratar cómo se festejó este hecho no solo en Sarhua, sino en todo el Perú, desde Gamarra hasta la Amazonía. Y hay en los dibujos un radio negro al que un hombre escucha absorto –como mi padre– y varios niños –como de mi edad en ese momento– animándose a festejar esa noticia extraordinaria.

Por unos segundos, mirando la tabla, pareciera que esa mañana se acortaban los kilómetros entre Surco y Sarhua. Sin embargo, ver la narración completa de las tablas evidencia la distancia enorme entre los barrios afortunados de la capital y un distrito ayacuchano que, aún hoy, sigue entre los más pobres del país.

La alegría fue la misma el 13 de setiembre de 1992, pero el sufrimiento y el trauma que ilustran estas tablas no tienen punto de comparación con lo que vivimos la mayoría de peruanos. Para la gente de Sarhua, fueron años enteros de abusos, masacres, éxodos y un complejo retorno, todos los cuales están retratados con un trazo simple, que deja espacio incluso para la alegría en medio de tanto dolor.

¿Por qué escribo sobre esto en un suplemento de negocios? Para invocarlo a que vea estas tablas. Quizá algún comentario en redes sociales lo haya desanimado, convenciéndolo equivocadamente de que son propaganda del terror.

Confíe hoy en mi palabra: nada más falso. Las reproducciones de las tablas de Sarhua están colgadas en el sitio web de El Comercio y en la página de Facebook del Museo de Arte de Lima. Lo ayudarán a entender mejor a su país, a su historia reciente y a su gente. Aprenderá, sentirá, recordará. Y estoy seguro de que eso le servirá más que cualquier otra cosa que pudiera escribir hoy en este espacio.

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