En el texto, al que accedió este Diario, se registra que la última versión estuvo lista a las 8:31 p.m. del jueves, cuando todavía se debatía en el pleno la carta de renuncia de Pedro Pablo Kuczynski a la presidencia. Este lleva el término “traición a la patria”.  (Foto: Reuters)
En el texto, al que accedió este Diario, se registra que la última versión estuvo lista a las 8:31 p.m. del jueves, cuando todavía se debatía en el pleno la carta de renuncia de Pedro Pablo Kuczynski a la presidencia. Este lleva el término “traición a la patria”. (Foto: Reuters)

De tanto manosearlo, el término tecnócrata comienza a caer en un vacío semántico. Por ello, es relevante que el politólogo Alberto Vergara haya salido en defensa del concepto -y de su rol en el decepcionante gobierno de PPK- en una reciente entrevista en la revista Somos.

“En el Perú creo que piensan que la definición de tecnócrata es ‘pituco de pasadita por el Estado’”, aclaraba Vergara. “Si tu chamba es vender shampoo o ser gerente de un banco o de una minera y pasas al Estado, no eres un tecnócrata pues, eres un gerente en el Estado. Y eso es lo que [primó] en [el gobierno de PPK], más que en los anteriores”.

Esto no quiere decir que en la administración ‘ppkausa’ faltaran los tecnócratas, aquellos funcionarios que, como describía Vergara usando el ejemplo de Jaime Saavedra, no eran meros invitados temporales a la gestión pública, sino profesionales vinculados a los asuntos públicos por vocación, formación y trayectoria.

Lo que en realidad sorprende del paso de PPK por Palacio de Gobierno es el menosprecio que tuvo por estos tecnócratas.

Primero, dejó caer a Saavedra sin dar más pelea que declaraciones confusas y tuits de respaldo.

Luego, como advertí en otra columna (“Cinco años de soledad”, 6 de noviembre del 2017) el ex mandatario y su círculo más cercano dejaron sin piso a funcionarios técnicos como Pablo de la Flor (ARC), Álvaro Quijandría (Pro Inversión) y Edmundo Beteta (SIS).

Los resultados -y la insatisfacción- saltan a la vista. La reconstrucción ha sido un fiasco mayúsculo, la reforma de Pro Inversión perdió viada y, apenas un nuevo técnico fue nombrado al frente del SIS, la maquinaria interna se movió para sacarlo del puesto, decisión que PPK rubricó en sus últimas horas en el sillón de Pizarro.

PPK también traicionó el supuesto ‘ideal tecnocrático’ en otros campos. En políticas sociales, por primera vez el Midis cayó en manos de dirigentes partidarios, como Fiorella Molinelli y el congresista Jorge Meléndez. En salud, solo se lo recordará por el ‘negociazo’ de Carlos Moreno y por el irregular indulto a Alberto Fujimori. Y en educación, su último ministro, Idel Vexler, dejó como legado una reforma en retroceso y una Sunedu sin cabeza.

No fueron los tecnócratas los que nos fallaron esta vez. Y aunque los “gerentes privados en el Estado” no estén en su mejor hora, tampoco se los debe condenar sumariamente. El reto, en días de ansiedades ministeriales sigue siendo encontrar a los mejores servidores, sin prejuicios ni conceptos equivocados.

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