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"¿Qué es peor que un alarde descarado?", por Lucy Kellaway

En los tiempos de Twitter, Lucy Kellaway, columnista del Financial Times, examina cómo alardean algunas personalidades

¿Qué es peor que un alarde descarado?, por Lucy Kellaway

¿Qué es peor que un alarde descarado?, por Lucy Kellaway

La semana pasada Harris Wittles, el hombre que acuñó la frase “humblebrag” (alarde humilde), murió a la irrazonable edad de 30 años. En su memoria he estado examinando algunos ejemplos de este extraño género – el alarde que pretende no serlo – y he encontrado mis dos favoritos. 

En segundo lugar está un tweet de Stephen Fry de 2013: “Dios mío. No sé qué hacer en el aeropuerto. Gran multitud, pero perderé el avión si me detengo para fotos . . . Dios mío no quiero decepcionar”. 

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Pero mi primer lugar por mucho es el de Oprah Winfrey. “¡Ay Dios! Acabo de tener una cita sopresa con Jackie Jackson. Ídolo romántico de mi adolescencia. Traté de no hablar demasiado ni comer demasiado. ¡No logré ni uno ni otro!” 

Como Wittles mismo dijo: “Oprah, no tienes que alardear. Tú eres Oprah”.  Sin embargo, hay otro tipo de alarde que se necesita exponer más que el alarde humilde ya que es más común y más dañino. A falta de un nombre más llamativo, lo voy a llamar el “alarde de terceros”: cuando uno remite comentarios favorables sobre uno hechos por otra persona. 

La rampante popularidad de este tipo de alarde se debe a tres razones: requiere escrúpulos mínimos ya que uno mismo no se está alardeando; suena casi objetivo; y Twitter lo convierte en un gesto sin esfuerzo. Es tan fácil como presionar el botón retweet, y en vez de lucir grosero tiene la adicional belleza de parecer casi cortés, ya que un retweet es una forma interesada de dar las gracias. 

Un prolífico usuario de alardes de terceros es el científico británico Richard Dawkins, quien participa en la práctica varias veces al día. Durante el tiempo que he estado escribiendo estos párrafos no ha podido resistir el impulso de retuitear lo siguiente de @jamiesaboyname: “Qué experiencia tan maravillosa la de anoche, estar en la presencia de dos de las mentes más bellas del mundo @RichardDawkins @LKrauss1”. 

Haciendo eco de Wittels, quiero gritar: Richard Dawkins. No tienes que alardear. Tú eres Richard Dawkins.  

Me he vuelto tan alérgica al alarde de terceros que estoy dejando de seguir a todos los que lo practican. Así que adiós a Dawkins. También adiós a Jack Welch, quien uno pensaría que tampoco necesita alardear. Recientemente retuiteó lo siguiente de @SPPresents: “@jack_welch Solo quería decir gracias por seleccionarme para narrar tu nuevo libro Real Life MBA. ¡Está bien escrito, es divertido y simpático!” 

Varios colegas han sido eliminados de mi lista, aunque hay dos que reciben una segunda oportunidad. En un caso, el alarde de terceros lo hizo la esposa del hombre; el otro retuiteó comentarios sobre sí mismo que eran insultantes en vez de lisonjeros. Aunque esto es sólo un alarde de terceros con un poco de alarde humilde, lo estoy perdonando ya que el insulto – que su columna eran “idioteces ridículas” – era bastante chistoso. 

La popularidad del alarde de terceros plantea la cuestión: ¿Por qué la gente se degrada de esta manera? En parte es porque retuitear administra una caricia al ego. Sin embargo, acariciar el ego no es la función del Internet: para eso están las madres. Cuando la mía vivía yo la llamaba cada vez que alguien decía algo agradable sobre mí y le hablaba largamente. Desde el otro extremo de la línea telefónica invariablemente me llegaban sonidos de satisfacción. 

Seguir a alguien en Twitter no es nada como ser su madre. Cuando el historiador Simon Sebag Montefiore retuitea “@SimonMontefiore J’lem uno de los mejores libros que he leído. ¡No puedo esperar el segundo tomo!” yo no hago sonidos de satisfacción; hago sonidos de vomitar y presiono no-seguir. Una razón mayor por el alarde de terceros es no alimentar egos, sino fustigar libros, charlas, etcétera. ¿Pero podría funcionar algo tan obvio? 

La deprimente respuesta es que parece que sí. Seth Godin, un comentarista de mercadeo, le ha dedicado toda una entrada en su blog a reproducir el efusivo elogio de un tercero. Me temo que soy la única persona que respondió mal, a 876 personas les gustó el alarde tanto que lo retuitearon. 

El alarde de terceros caracteriza a los seguidores como ignorantes y a los autores como desvergonzados. En el caso de Seth Godin, quien trabaja en mercadeo y es de EE.UU. – donde existe un actitud más robusta en general hacia el alarde – pudiera tener sentido. ¿Pero en el caso de Dawkins? ¿Habrá dañado el alarde de terceros el considerable cerebro del científico? 

Para averiguarlo compuse un tweet que decía algo así: “No sabía que @richarddawkins había inventado el meme. Es aún más como un dios de lo que yo pensaba”. Me senté a esperar que él retuiteara, pero pasaron varios días y no ocurrió nada. Me sentí mejor hacia Dawkins como resultado. Pero ahora me siento vagamente ofendida. ¿Será que no le gustó mi mensaje?

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