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Renzo Costa: ¿cómo nació la empresa peruana de cueros?

A finales de año Renzo Costa dará a conocer su nueva línea de productos.

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El salto de la confección de cinturones de cuero al manejo de su propio imperio basado en este material no fue sencillo para Marina Bustamante, fundadora de Renzo Costa y Líder Empresarial del Cambio (LEC) 2018. 

¿Cómo comenzó su negocio?
En 1968 comencé a hacer cinturones de cuero de manera artesanal. Tenía 16 años y estaba terminando el colegio. Era la época hippie. La Casa del Hippie fue mi primer cliente. Después comencé a hacer carteras. El cuero era marrón y café. Pensé, “¿por qué no usar colores y combinar pelo con cuero? Así me fui haciendo conocida.

¿Se considera autodidacta?
Sí. Nunca estudié diseño de modas, pero veía muchas revistas de cuero. Su olor me encanta.

¿Cuándo dio el gran salto?
A los 19 o 20 años alquilé un local en la cuadra ocho del Jirón de la Unión. Pagaba US$1.000 mensuales. En esa época nació Renzo. Así nació el nombre de la tienda. Nadie le ponía el nombre de hombre a una tienda de carteras, pero a mí se me ocurrió porque en las revistas italianas que leía había una marca que me encantaba, Gianni Conti. Eso me inspiró.

El negocio creció rápido. A los 15 días tenía siete vendedoras.

¿Cómo comenzó a hacer casacas?
Viajé a Buenos Aires, compré casacas de cuero, las desarmé y comencé a hacer más con ese molde. Las hacía a medida porque no tenía dinero para tener stock. Poco a poco comencé a alquilar y comprar más locales.

¿Qué tan difícil fue manejar la parte administrativa del negocio?
Siempre busqué a personas para que me asesoraran. Soy psicóloga de carrera, pero estudié en la escuela de arte dramático. Allí aprendí mucho sobre trato humano y arte. Para mí, eso es la moda: arte.

Marina Bustamante, dueña de Renzo Costa

Marina Bustamante, dueña de Renzo Costa. (Video: El Comercio)

¿Cuáles fueron los obstáculos más difíciles que tuvo que enfrentar?
Durante el Fenómeno de El Niñoen 1997 fui a la Sociedad Nacional de Industrias porque estaba al borde de la quiebra. Pregunté cuál era el proceso para vender mi negocio.

El abogado que me atendió me dijo: “Marina, tienes algo que vale más que la mercadería. Tienes la marca. En ese momento me sentí millonaria y me pregunté: “¿Cómo voy a vender?”.

Me motivé a seguir trabajando y decidí no vender. El terrorismo y la hiperinflación fueron épocas difíciles también.

¿Cómo salió la empresa de esta “cuasi” quiebra?
Con El Niño, nadie en Lima compraba casacas, así que viajamos al interior del país, a las provincias donde hacía frío, y alquilamos los lobbies de los hoteles de turistas para ofrecer nuestros productos. Esto nos ayudó, además, a ver que los gustos de Lima eran distintos a los de provincias. Toda crisis representa una oportunidad.

¿Contó con el apoyo de sus padres?
Nunca. En esa época, la mujer no trabajaba. Mi papá me dijo que las mujeres que hacían negocio, quebraban. Sin embargo, soy obsesiva, consecuente y perseverante en lo que quiero. Para mí, las dificultades son retos. Mi papá falleció y no pudo ver mi éxito.

¿Considera a Renzo Costa una empresa familiar?
Somos cuatro socios. Mis dos hijos, yo y José Cabanilla, trabajador que entró a la empresa a los 19 años y la administró cuando me fui a vivir a Chile por el terrorismo. Hoy en día tenemos socios estratégicos en España e Italia. De hecho, Gianni Conti, la marca italiana que me inspiró en mis inicios, es hoy uno de nuestros proveedores. Es un sueño cumplido.

¿Piensan profesionalizar el negocio?
Llegará el momento en que seamos sólo accionistas o parte del directorio. Por ahora estamos bien. Quizá en unos 20 años más. Es un equipo enorme el que lleva adelante la empresa.

Hace poco iniciaron el negocio de zapatos para hombre. ¿Qué planes tienen para este año?
Estamos fortaleciendo nuestra línea de ventas online. Queremos abrir más locales para la venta de zapatos y también estamos diversificando nuestros productos. Estamos trabajando la línea de perfumes, relojes, joyas y lapiceros. Calculo que eso estará listo en setiembre.

¿Y para el 2019?
Ya tenemos nuestros clientes que quieren franquiciar la marca para llevarla a otros países de América Latina.

Con tantos planes y sueños aún por cumplir, ¿qué se siente ser una LEC?
Muy orgullosa. Están confiando en nosotros, en nuestros valores y nuestras cifras. Es un premio que implica mucho esfuerzo porque tiene requisitos. Toman en cuenta lo que nosotros somos capaces de hacer, lo que hemos hecho en el pasado y lo que haremos en el futuro.

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