(Foto: AFP)
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Al igual que 30 millones de peruanos, yo también grité, lloré y celebré. El 15 de noviembre del 2017 va a quedar como la fecha histórica en que el se libró de su maldición de 35 años y finalmente clasificó al evento deportivo más importante del mundo.

Hasta esa fecha la gastronomía había sido la gran responsable de elevar nuestra autoestima como peruanos, combinando esfuerzo, innovación, talento, versatilidad y pasión. El fútbol peruano tenía una deuda en este espacio y la ha saldado con creces. Y no solo el equipo sino también la hinchada que los acompañó en estas Eliminatorias angustiantes y no apta para cardiacos. Aprovechando la efervescencia de la celebración, revisemos las lecciones que nos deja esta conquista y que contribuye a ser un mejor país:

1. Disciplina. Si quieres conquistar los retos que te pone la vida y tus sueños más ambiciosos, tienes que ponerte reglas y cumplirlas. A diferencia de otras selecciones de fútbol, esta no tuvo juergas ni escándalos mediáticos faranduleros. Fue un grupo chancón y responsable.

2. Profesionalismo. Desde que entró Edwin Oviedo a la presidencia de la Federación Peruana de Fútbol, por primera vez se sintió un trabajo ordenado, técnico y planificado que convocó a profesionales de primer nivel, como lo haría cualquier empresa multinacional. No es casualidad que luego de la era Burga, llena de soberbia, sordera y negocios turbios, esta nueva gestión nos lleve por fin al Mundial.

3. Solidaridad. Cuando salieron a calentar los jugadores, antes del inicio del partido del miércoles, todos tenían la camiseta de Paolo con el número 9. Si no lo hubieran hecho, nadie hubiera criticado nada, pero lo que hicieron fue una muestra de solidaridad en estos momentos difíciles para él.

4. Respeto. Estuve en el Estadio Nacional el miércoles y uno de los momentos en que me sentí más orgulloso de ser peruano fue cuando tocaron el himno de Nueva Zelanda. Hubo un silencio absoluto como señal de respeto a la visita y de madurez de la hinchada peruana.

5. Resiliencia. Esta selección cargaba una mochila de 35 años que quizá se sintió más fuerte en la primera parte de las Eliminatorias, y que empezó a hacernos dudar de si lograríamos el objetivo. A pesar de eso, el liderazgo del entrenador y la camiseta bien puesta de los jugadores hizo que remontaran del fondo de la tabla, dando la talla cuando se los necesitó.

6. Persistencia. El caso de Cueva es el mejor ejemplo. Un jugador venido a menos, desmotivado por sus malas actuaciones y casi con un pie afuera de los convocados, persistió en sus ganas de mejorar y de ser actor importante en el equipo, llegando en las últimas fechas a ser protagonista de los triunfos. La magnífica parada de pecho y el pase impecable para el gol de Farfán se merece un monumento.

7. Humildad. Tanto Gareca como cada uno de los jugadores se han comportado con humildad constante. Tanto en las derrotas como en los triunfos, han estado tranquilos, han destacado el trabajo en equipo, no ha habido ningún ego figuretti. Realmente esta selección ha proyectado un sentimiento de familia unida en la que se apoyan unos a otros en todo momento.

8. Compromiso. El apoyo incondicional y comprometido de la hinchada peruana ha sido clave para el estado de ánimo de la selección: de local, de visitante, cuando venimos de un triunfo, pero sobre todo cuando venimos de una derrota, los peruanos siempre dijeron presente y gritaron: “Sí se puede”.

Gracias, señor Oviedo. Gracias, Gareca. Gracias, muchachos. Gracias, hinchada. Gracias por la lección. Treinta millones de peruanos van con ustedes al Mundial.

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