(Foto: El Comercio)
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Hace tiempo, haciendo mis cálculos sobre las fechas en que cae mi columna quincenal, me di cuenta de que este año la última se publicaría hoy sábado 30 de diciembre, a 24 horas de despedir el y recibir el 2018. Siempre que me toca escribir antes o después de una fecha especial como esta trato de tomarla como punto de apoyo para hacer alguna reflexión o generar algún aprendizaje. Y pensando de manera adelantada, hace un par de semanas me imaginaba escribiendo en medio de un ambiente colectivo de alegría y celebración propio de esta época.

Como sabemos, eso es lo menos que tenemos en estos momentos. Nos encontramos terminando este año con protestas en las calles, amigos polarizados por sus puntos de vista y hasta peleados por ellos, nuestros Facebooks vacíos de felicitaciones y plagados de insultos, quejas, y también decepción y depresión. Perfecto escenario para que nuevamente aparezcan las frases como “Esto solo pasa en el Perú” o “Esto no va a cambiar nunca”. En otras palabras, pareciera que está en nuestro ADN vivir por siempre con estos problemas sin tener una luz de esperanza para algún día cambiar.

Mirar el medio vaso vacío es importante para poder darnos cuenta de todo aquello que funciona mal y que debemos mejorar. En ese sentido, la protesta en las calles, la queja en redes sociales, el intercambio acalorado de ideas en la esquina de un bar es bueno y sano para poder identificar y reclamar por todo aquello con lo que no estamos conformes. ¿Pero por un momento nos detenemos a pensar qué estamos haciendo para llenar esa parte que falta del vaso? Es igual de importante el protestar ante lo que nos parece mal, como contribuir para que esto cambie. John F. Kennedy decía: “No te preguntes qué puede hacer tu país por ti, pregúntate qué puedes hacer tú por tu país”.

El país no está hecho exclusivamente por la clase política.

Principalmente, lo que forma nuestra sociedad nace en nuestra casa, desde nuestra familia, desde cómo nos comportamos con nuestro círculo de amigos, en la manera en que promovemos valores dentro de nuestras empresas y hacia afuera. Justo hoy vi el post de un amigo que mostraba una foto del salón donde estaba dando su examen psicológico para el brevete. Contaba que estaba solo porque el resto de postulantes había pagado para que no tuvieran que pasar por todos los pasos que el trámite exige. Él no lo hizo.

Ayer me escapé en la tarde con mi hijo de 2 años a pasar un rato juntos, y al final de nuestra sesión de ‘broders’ paramos a comprar unos helados. Cuando estábamos en plena embarrada de sabores, me llama la atención una señora de limpieza del local donde estaba, para hacerme notar que se me había caído dos billetes al piso debido al ajetreo.

Uno de los clientes más importantes de la agencia en donde trabajo es Unacem. Es la empresa que maneja las marcas Cemento Sol, Apu y Andino. La semana pasada me llegó una encuesta de Ipsos para que los evalúe en cuanto al respeto profesional de la relación, lo justo que nos parece su remuneración, lo apropiado de los tiempos para desarrollar el trabajo que nos solicitan, y la más importante, si los consideramos entre los mejores clientes de la agencia.

Estos son tres ejemplos de cómo además de ver el medio vaso vacío, contribuimos a llenarlo un poco desde nuestra propia esquina. Siendo consecuentes con lo que le demandamos a nuestro país y a sus actores. Contribuyendo a dibujar el Perú que queremos desde cada parte que nos toca, en lo familiar, amical, profesional y empresarial.

Terminamos el 2017 en la calentura del medio vaso vacío. Recibamos el 2018 encontrando cómo contribuimos a llenarlo. ¡Feliz año!

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