“El derrumbe de la demanda petrolera por la propagación del coronavirus parece cada vez más agudo”, dijo Goldman Sachs en una nota. (Foto: Reuters)
“El derrumbe de la demanda petrolera por la propagación del coronavirus parece cada vez más agudo”, dijo Goldman Sachs en una nota. (Foto: Reuters)
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Los precios del caían este miércoles por tercera sesión consecutiva, con un descenso de los futuros del crudo en Estados Unidos a un mínimo de 18 años y de más de 16 en el caso del Brent, ya que la suspensión de los viajes y la vida social para frenar al aumentaba la posibilidad del mayor desplome anual de la historia en la demanda petrolera.

A las 1407 GMT, los futuros del West Texas Intermediate (WTI) en Estados Unidos perdían US$2,82 o un 10,46% a US$24,13 el barril, tras haber tocado los US$23,60, su mínimo desde abril de 2002.

La última vez que el crudo operó tan bajo fue cuando China había empezado a elevarse como una superpotencia mundial, lo que impulsó el consumo petrolero mundial a máximos de récord en los años siguientes.

Por su parte, el referencial internacional Brent cedía US$1,87 o un 6,37% a US$26,86 el barril, después de haberse desplomado hasta los US$26,66, su cota más reducida desde fines de 2003.

Ambos contratos se encaminaban a un declive trimestral cercano al 60%, el mayor desde al menos los años 80.

“El derrumbe de la demanda petrolera por la propagación del coronavirus parece cada vez más agudo”, dijo Goldman Sachs en una nota en la que vaticinó un declive del precio del Brent hasta los US$20 por barril en el segundo trimestre, un nivel no visto desde principios de 2002.

El banco espera una contracción de la demanda de 8 millones de barriles por día (bpd) para fines de marzo y un declive anual de 1,1 millones de bpd en 2020, que sería el mayor jamás registrado, según sus datos.

Rystad Energy fue aún más allá y vaticinó un declive anual de la demanda de 2,8 millones de bpd o un 2,8%, este año. “Para poner la cifra en contexto, la semana pasada proyectamos un declive de solo 600.000 barriles”, señaló.

Además de imponer restricciones sociales no vistas desde la Segunda Guerra Mundial, las naciones más ricas del mundo se preparaban para liberar billones de dólares de gasto para aliviar los efectos del brote de COVID-19.