(Foto: El Comercio)
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A pesar de las conocidas y tremendas limitaciones en nuestro frente político, y de otro lado, reconociendo que aún el listado de tareas pendientes en el país es inmenso a nivel de ejecución de reformas estructurales, reorganización del Estado, fortalecimiento institucional y reducción del significativo déficit de infraestructura, es el momento de revisar si las condiciones para emprender un relanzamiento de la están dadas en el país. Acá algunas consideraciones al respecto:

Primero, existe hoy un claro consenso de que hemos llegado al punto de inflexión a partir del cual emprendemos las fases de recuperación y crecimiento de nuestro ciclo económico. Estamos dejando las fases de desaceleración y decrecimiento mostradas en muchos de nuestros sectores económicos para dar paso a un crecimiento de alrededor del 4% el próximo año. La recuperación de los precios de nuestros minerales, del impulso esperado de la reconstrucción y el frente conformado por las APP y los megaproyectos nos permiten concluir que tendremos un buen mediano plazo.

Segundo, no solo se espera crecimiento promedio, sino que se vislumbra que todos los sectores de la actividad económica, sin mayor excepción, vuelvan a presentar tasas de crecimiento positivas. El Banco Central de Reserva en su más reciente reporte de inflación proyecta –como no lo hacía tiempo atrás– que el próximo año ningún sector crecerá por debajo del 3%, desde el frente primario hasta el que incorpora mayor generación de valor agregado. Después de algunos años veremos esta buena nueva. Es más, la demanda interna no deberá expandirse a menos del 3,5%, la más alta tasa de los últimos cinco años.

Tercero, en el Perú, a nivel empresarial, existe la pésima costumbre de invertir sin considerar apropiadamente la temporalidad del ciclo económico. Cuando llegamos a tasas de crecimiento significativas, justo allí es cuando alimentamos con fuerza la inversión, y con ello, muchas veces, la madurez del ciclo productivo se alcanza, paradójicamente, cuando se inicia o, abiertamente, se emprende el tramo depresivo o de desaceleración. Debemos cambiar un tanto dicha tónica.

No debemos esperar estar en la cresta del ciclo para invertir, ahora que iniciamos el tramo expansivo del ciclo es cuando debe canalizarse el capital de riesgo para aprovechar lo mejor del ciclo y del mercado hacia el 2019 o más.

Cuarto, obviamente, la decisión de inversión también debe considerar la posibilidad de desarrollar mercados externos. Cuanto más alcance y más diversificado sea el mercado asociado al proceso de inversión, mejor. Estados Unidos, los países hoy miembros de la Unión Europea y Japón explicaban casi el 70% de la producción mundial hace 30 años, hoy solo bordean el 40%. Han perdido fuerza. Sin embargo, actualmente hay mercados crecientes en el frente de Asia emergente o la misma Alianza del Pacífico. México, Chile y Colombia representan más del 12% del destino del comercio peruano, sin haber aprovechado los beneficios de la alianza. Por ende, su potencial es tremendo aún.
Hoy el Perú es una invitación permanente a la inversión, solamente falta que los peruanos nos demos cuenta de ello. Los problemas que enfrentamos nos acompañan 200 años y no debemos dejar de persistir en superarlos, pero de allí a considerarlos como causa para no invertir es desaprovechar oportunidades.

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