Argentina: lo que hay detrás del nuevo índice de inflación
Argentina: lo que hay detrás del nuevo índice de inflación
Redacción EC

AILEN ANIVOLE 
Estudiante argentina

Soy argentina y tengo 22 años. ¿Qué puedo contarles? Que tengo suerte de que mis padres hayan costeado mi educación secundaria y universitaria, que tengo trabajo, y que incluso tuve la oportunidad de viajar a Lima para realizar una pasantía laboral en el diario El Comercio. Pero pese a todo este auspicioso inicio laboral mi futuro es incierto. En , las proyecciones se limitan al corto plazo, y por lo general, no son muy prometedoras.

En mi país la trepa a pasos de gigante y el índice oficial del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (Indec) la encubre. Mientras para esa entidad la inflación anual en el 2013 fue de 10,9%, el “índice Congreso” (sostenido por diputados de la oposición) marcó una acumulación de 28,3%: casi tres veces más (lamentablemente, es lo más próximo a la realidad). 

SANA ENVIDIA
Se imaginarán mi sorpresa al llegar al Perú y descubrir que según datos del Banco Central de Reserva (BCR) la inflación anual en este país no supera el 3% desde el 2001. En Argentina, las cosas son distintas.

En el 2010 ingresé a la universidad para estudiar Comunicación. Hoy agradezco haber estado becada, porque en estos cuatro años, la cuota mensual casi se ha triplicado. 

Para mantener ese beneficio, mi familia tenía que revelar nuestros ingresos y egresos, dejando registro de cómo ha aumentado nuestro gasto anual en alimentos. Al ver los números hoy, me desconcierto. En el 2011, el total sumaba 35.000 pesos argentinos; en el 2012, 40.000; en el 2013, 48.000. ¿Hoy? Con suerte gastaríamos 72.000, más del doble que hace tres años. 
 
El alza de los precios también ha hecho más difícil que los jóvenes argentinos viajemos al exterior. 

A comienzos del 2010 tuve la fortuna de ir a París. Entonces, el pasaje (ida y vuelta, con una escala) me costó unos US$1.500 con el tipo de cambio a 3,81 pesos por dólar (al 30 de diciembre del 2009 según datos del Banco Central de la República Argentina), o sea unos 5.700 pesos. 

Hoy, aquel viaje me costaría cerca del triple, mínimo 16 mil pesos, dado que el dólar se disparó a 9,5454 (al 19 de marzo). Esto debido a que, tras liberarse la compra de divisas en el mercado oficial, donde el dólar se cotiza a 7,9545, debo abonar un 20% de recargo, a menos que deposite el dinero en un banco por más de un año.

Además, para comprar divisas debo ganar más de 7.500 pesos (más de US$900) al mes y solo puedo adquirir el equivalente al 20% de mi sueldo (como máximo: US$200 al mes). 

FUTURO INCIERTO
El dato que genera más incertidumbre sobre mi futuro cercano es lo que cuesta independizarse.

Hace unos 5 años, alquilar un departamento de unos 35 m² en la capital de Buenos Aires costaba algo cercano a los 700 pesos por mes. Hoy el precio se elevó a 2.600 (por lo menos). 

Debería pagar un mes de adelanto, otro de depósito, dos de comisión y necesitaría una garantía propietaria de Capital Federal (de lo contrario un seguro de caución o garantía bancaria con un costo aproximado anual de un mes de alquiler). Hagan la suma.

Y solo estoy alquilando. Y el departamento ni siquiera tiene dos cuartos. 

Recuerdo aquellos días cuando un carro de supermercado lleno de alimentos nos costaba unos 300 pesos. O cuando en el 2009 viajé a Bariloche (provincia de Río Negro), tras egresar del colegio,  por 3 mil pesos. O cuando en el 2008 ir a un recital de una banda extranjera me costaba menos de 100 pesos argentinos.  

Hoy los padres tendrán que pagar 10 mil por el viaje (según informó la Asociación de Turismo Estudiantil de Bariloche) y yo 400 pesos (como mínimo) por el concierto.

NO TANTOS CONTRASTES
Mi historia es bastante distinta a la de los jóvenes peruanos de mi edad, pero no a la de los peruanos de más de 35 años.  

El economista me explica que “el Perú transitó por un mercado similar, viviendo 14 tipos de cambio durante el gobierno de Alan García. Lo único que generó fue corrupción y escasez. Si ello ya se comprobó en la década de los 80 en el Perú, en los 70 en Chile, y en tantos otros frentes no funcionó, ¿por qué se insiste con tal barbaridad?”.

En cuanto a la creciente inflación, señala que debe sincerarse. “No se tapa con estadística fraudulenta. Se tiene que entrar a su origen. Y el origen se asocia a los desbalances del bloque fiscal, salarial, al control de precios y al cierre de puertas al frente internacional”.

Los jóvenes del Perú dan por sentado, luego de 20 años de crecimiento, que la economía de su país seguirá en buen camino. Ser joven y tener proyecciones a largo plazo en Argentina es un poco más difícil. Lo importante es no perder aquella ambición. Es lo que me permitirá crecer.