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Brasil escapará probablemente a la recesión cuando el jueves se anuncien los datos del segundo trimestre, pero aún tiene un largo camino que recorrer antes de que las reformas liberales impulsadas por el gobierno de Jair Bolsonaro arrojen los frutos esperados por los mercados, afirman analistas.

Un índice de actividad del Banco Central (IBC-BR) preveía a inicios de agosto una contracción del PIB de 0,13% en el segundo trimestre respecto al primero, pero la expectativa promedio de 31 economistas consultados por el diario Valor es de un crecimiento de 0,2%.

En caso de retroceso, el país recaería en recesión, definida como dos trimestres consecutivos de contracción económica, pues en el periodo enero-marzo su PIB se contrajo 0,2%.

La principal economía latinoamericana nunca se repuso realmente de la recesión de 2015 y 2016 (con una pérdida total de 6,7% de su PIB), seguida por dos años de débil crecimiento (1,1% tanto en 2017 como en 2018).

Y en 2019 la expansión será de apenas 0,8%, según las previsiones tanto del gobierno como del mercado, que a inicios de año, cuando Bolsonaro llegó al poder, proyectaban una expansión de 2,5%.

"En el primer semestre tuvimos ese mal resultado por dos razones. La primera, porque incluso con la expectativa positiva de nuevas políticas, el mercado estuvo un tanto parado, esperando la aprobación de la reforma de las jubilaciones", dijo a la AFP el economista Mauro Rochlin, profesor de la Fundación Getúlio Vargas (FGV) de Rio de Janeiro.

Y la segunda, "porque la política de austeridad provoca en un primer momento un crecimiento menor de la economía", completó.

El ministro de Economía, Paulo Guedes, aseguró este mes que los resultados llegarán antes del fin del mandato de Bolsonaro en 2022.

"Den una chance a un gobierno liberal, esperen cuatro años. No trabajen contra Brasil, tengan un poco de paciencia", dijo Guedes en un debate sobre "libertad económica".

TURBULENCIAS

El economista Silvio Campos Neto, de la consultora Tendencias, prevé "una recuperación gradual y moderada, aunque sobre bases más sólidas que en el pasado".

El camino, aparte de escarpado, tiene poca visibilidad, a causa de los nubarrones que se acumulan sobre la economía regional y mundial: incertidumbres electorales en Argentina, guerra comercial China-Estados Unidos, desaceleración de las mayores economías, por no citar más que las que pueden tener un impacto directo en Brasil.

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"Hay un panorama desafiante (...), pero si Brasil hiciera sus deberes y no hubiese una gran crisis mundial, hasta podría salir beneficiado, atrayendo recursos para proyectos de inversión", afirma Campos Neto.

"A pesar de las turbulencias, la agenda económica avanza (...), con medidas para reducir el 'costo Brasil', reducir la burocracia y mejorar el ambiente de negocios", así como con la caída consistente de las tasas de interés, completa.

Todo eso, en espera de la implementación del programa de privatizaciones y de otras grandes reformas, como la tributaria, concebidas para convertir a Brasil en un país confiable para los inversores.

LIDIAR CON BOLSONARO

Bolsonaro es el fiador político de reformas impopulares, pero sus constantes polémicas con países que son importantes mercados para Brasil preocupan al mundo de los negocios.

La última de ellas, en torno a los incendios amazónicos, favorecieron los cuestionamientos al reciente acuerdo comercial entre la Unión Europea y el Mercosur a causa de la política ambiental de Brasil.

"Ciertamente [esas declaraciones] tienen un peso, no diría preponderante, pero sin esas situaciones, sin duda que el ambiente interno sería mejor y la recuperación podría ser más rápida ", estima Campos Neto.