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María José Gallo Gold

En el marco de una región cuyo crecimiento se contrae y que muestra deterioro en sus balances fiscales, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe () presentó su informe económico anual para el 2016. El organismo, adscrito a las Naciones Unidas y que fuera promotor de las controvertidas políticas de sustitución de importaciones a mediados del siglo XX, ahora afirma que la recuperación del crecimiento en la región dependerá de volver a dinamizar la inversión pública y privada, la que se ha contraído por ocho trimestres consecutivos.

¿Cuál es el panorama económico de América Latina y el Caribe?
En promedio, el crecimiento ha venido desacelerándose. El año pasado, la economía de la región registró una contracción del 5% y este año en Cepal estimamos una contracción de -0,8%. Este año hay más países en los que el producto bruto se contrae en relación con el anterior. En el 2015 solo se contrajo en dos países: Brasil y Venezuela. Este año ambos siguen con crecimiento económico negativo y se suman a la lista Argentina, Ecuador, Trinidad y Tobago y Surinam. 

¿Por qué Argentina está en este grupo?
El primer trimestre del 2016 cayó 0,7% con respecto al último trimestre del año pasado, aunque si se compara con el primer trimestre del año pasado, sí creció un poco. Lo que pasa con Argentina es que viene hace varios trimestres consecutivos con una fuerte desaceleración. Este gobierno ha hecho importantes reformas, pero aún es muy temprano para ver su efecto. Además, ha habido importantes ajustes fiscales y aumentos en las tarifas, que también complejizan el aumento de inflación y la dinámica de crecimiento.
 
¿Por qué Centroamérica es la subregión que más crece?
América del Sur se contrae -2,1% y Centroamérica y México crecen 3,8%. Los choques externos han sido muy diferentes, en particular los referidos a los precios de las materias primas que exporta o consume cada región. Centroamérica es una importadora neta de materias primas, particularmente del petróleo. Entonces, ellos se han visto afectados positivamente por la caída del precio del petróleo. En cambio, los países de América del Sur se han visto afectados negativamente con la caída de precios de metales y petróleo, fundamentalmente. 
Un segundo elemento son los socios comerciales: Centroamérica tiene como principal socio a EE.UU. y a América del Norte en general; mientras que América del Sur tiene mayor relación comercial con China y Europa. EE.UU. ha sido, dentro de las economías desarrolladas, la que se ha recuperado más rápido. El efecto de demanda externa, junto al choque positivo provocado por la caída de los precios de los hidrocarburos, ha hecho que Centroamérica tenga este mejor comportamiento económico frente a Sudamérica.

¿Cuál es el panorama para la inversión en la región?
Nos preocupa esta importante disminución de la inversión, que ya lleva ocho trimestres en una contracción. Eso es muy complejo, pues no solo afecta la demanda agregada en el corto plazo, sino que es el puente entre el largo y el corto plazo. Cuando disminuye la inversión se está castigando la capacidad productiva en el futuro y la capacidad de aumentar la productividad. 
Por lo tanto, para nosotros es muy importante reactivar la inversión pública y privada para cambiar el ciclo de contracción que estamos viviendo. Por supuesto, la volatilidad e incertidumbre no ayudan. Por eso pensamos que la política fiscal contracíclica y pro inversión es muy importante. Ahí hay un gran esfuerzo mancomunado que tienen que hacer los sectores público y privado.

En sus recomendaciones, la Cepal habla de un “cambio estructural progresivo con un impulso ambiental”. ¿Qué significa esto en la práctica?
Por un lado, la región tiene que hacer cambios profundos en su heterogeneidad productiva hacia sectores con mayor valor agregado, conocimiento y tecnología. En el mundo de hoy, necesitamos aumentar productividad y diversificar la estructura productiva para dejar de depender tanto en las materias primas. Avanzar hacia sectores de mayor tecnología, valor agregado y productividad es clave para fortalecer la capacidad de la región para insertarse en el mundo y defenderse de los choques externos que vienen. Esto no se hace de la noche a la mañana, pero los países tienen que planificar y avanzar en esa dirección. Tiene que haber una colaboración público-privada.

Otra recomendación del informe tiene que ver con poner mayor énfasis en la lucha contra la evasión y la elusión fiscal. 
La evasión y la elusión fiscal en la región son bastante altas y alcanzan unos US$340.000 millones promedio anual a nivel regional, cerca de un 6,7% del PBI de América Latina. Esta es la evasión doméstica. Esto hay que tratar de reducirlo, pues vivimos un momento en el que los gobiernos están reflejando menores holguras fiscales. Tratar de recaudar lo que se debería estar recaudando ayuda y facilita la política fiscal. Según nuestros cálculos, esta cifra duplica el financiamiento que se requiere para cerrar la brecha de infraestructura a nivel de la región. Entonces, si pudiéramos recaudar lo que efectivamente hay que recaudar bajo la estructura tributaria, tendríamos una disponibilidad de recursos muy fuerte para dinamizar e incentivar la infraestructura, la inversión pública en general y dinamizar la economía.

¿Cuál es el potencial del Perú en la región?
El Perú es uno de los países que más crece en la región, con mayor ritmo. Es el octavo país en términos de crecimiento, 3,9% es un crecimiento muy sólido y muy fuerte para los tiempos que vivimos. La inversión en el sector minero ha caído y, por tanto, el gran desafío para mantener estas tasas de crecimiento es definir cuál será la dinámica futura de la inversión.

¿Cómo juega el rol del nuevo presidente en estas proyecciones de crecimiento?
Este es un gobierno democrático, el presidente es un gran conocedor de la economía y, por lo tanto, todas las expectativas que se tienen son muy positivas.

Se ha visto un deterioro fuerte del balance fiscal en la región.
Todos los países de América Latina y, particularmente los de América del Sur, han tenido restricciones en el ámbito de la política fiscal, sustentadas en la caída de los precios de las materias primas. En ese escenario, hay que ser muy cuidadosos y ajustarse a la nueva realidad. Dentro de la estructura de gasto, es muy importante defender el gasto de inversión. Y este, lamentablemente, es el que más ha caído en la región. Sin embargo, en el Perú se ha mantenido en el 2014 y el 2015 relativamente similar, en torno del 4% o 4,5% del PBI, lo cual es una muy buena noticia, porque en otros países ha caído más. Creemos que el gran desafío es cómo ajustarse a las nuevas restricciones de ingresos públicos sin deteriorar el esfuerzo del gasto de inversión.

¿Cómo describiría esta nueva normalidad a la que está entrando la región?
Ojalá no sea “normalidad”. Lo que uno ve es que la región viene desacelerándose por varios años y las desaceleraciones han sido fuertes; pero uno esperaría que a partir del próximo año en la región y en el mundo haya un rebote y empecemos a crecer de nuevo. Esperamos que para el 2017 ya haya un punto de inflexión. 
La Cepal recomienda seguir impulsando el gasto público ante la desaceleración. En sus proyecciones, el Perú se mantiene como uno de los países con crecimiento más sólido en la región.

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