(Foto: Jacquelyn Martin/Associated Press)
(Foto: Jacquelyn Martin/Associated Press)
Redacción EC

En medio de la crisis financiera global del 2008, el banco de inversión Bear Stearns fue vendido a la líder estadounidense en la industria bancaria, JP Morgan. Hoy, luego de una década de este acuerdo, no se sabe con certeza si hubo beneficios en el largo plazo. 

En ese sentido, el CEO de JP Morgan, Jamie Dimon, ha dicho que se arrepiente de esa decisión. "No, no volveríamos a hacer algo como Bear Stearns otra vez", escribió el ejecutivo hace tres años a los accionistas por medio de una carta.

Pero, el panorama no se visualizaba así 10 años atrás.

De hecho, Bear Stearns era el quinto mayor banco de inversión por aquellas fechas: registró miles de millones de dólares en bonos comerciales trimestrales y ejecutó transacciones para fondos de cobertura. También, tenía decenas de miles de millones de dólares en valores hipotecarios en sus libros, lo que resultó ser su caída.

Sin anticipar lo que iba a ocurrir, ¿cómo fue que JP Morgan se animó a comprar esta banca?

Frente a un pedido del gobierno estadounidense, la firma acordó ir a su rescate por un valor de US$ 2 cada acción, un precio impresionante que al final terminó por elevarse a US$ 10. Siguiendo esa tendencia al alza, el 14 de marzo de 2008 las acciones de Bear Stearns cerraron negociándose a US$ 30.

Así, con estas cifras positivas, JP Morgan proyectó US$ 1.000 millones en posibles ganancias al combinar ambos negocios (banca de inversión y empresa de servicios financieros), incluyendo un gran impulso de la intermediación principal, el negocio de fondos de cobertura y financiación que dominó alguna vez Bear Stearns. 

Al año siguiente, JP Morgan estaba expandiendo agresivamente el negocio de servicios principales, llevándolo a Europa y Asia, de acuerdo con la carta de accionistas de 2009 de Dimon. 

No obstante, es preciso resaltar que al inicio también hubo costos. Primero, el banco estimaba que se necesitaríanUS$ 6 mil millones para cubrir indemnizaciones, litigios, amortizaciones de activos y otros gastos. En ese momento, la banca de inversión adquirida tenía 14.000 empleados y un edificio central de US$ 1 mil millones, ubicado directamente frente a las oficinas de JP Morgan en Park Avenue.

Luego, la Reserva Federal (FED) acordó financiar US$ 30 mil millones de tenencias de valores hipotecarios de Bear Stearns para hacer cerrar el trato con la líder estadounidense. 

En su carta a los accionistas en el 2008, Dimon defendió la compra. "Bajo condiciones normales, el precio que pensábamos pagar por Bear Stearns habría sido considerado bajo en comparación a la mayoría de estándares. Pero no habían condiciones normales y, por el riesgo que estábamos tomando, nosotros necesitábamos un margen de error enorme. No estábamos comprando una casa, estábamos comprando una casa en llamas", aclaró. 

Después, la crisis se profundizó. Con ello, las demandas y multas regulatorias se acumularon. 

JP Morgan iría a comprar el problemático ahorro Washington Mutual, agregando hipotecas aún más tóxicas a su inventario, y sería legalmente responsable por el negocio que había heredado, por una suma de al menos US$ 19 mil millones en multas y acuerdos, incluyendo US$ 13 millones de asentamientos hipotecarios con múltiples reguladores en 2013.

Tras lo ocurrido, Dimon dijo a los accionistas en el 2015 que cerca del 70% de los gastos legales estaban vinculados a Bear Stearns y Washington Mutual. "En el caso de Bear, no anticipamos que habría que pagar penalidades que finalmente nos obligaron pagar", admitió.

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