Redacción EC

(Bloomberg). Hay que compadecer a los padres de Xiao Cai, una joven de Wuxi, China, que perdió el equivalente a US$161 con sus apuestas a los partidos de la . Cuando sus padres se negaron a cubrir las pérdidas, huyó a Shangái y, simulando ser un secuestrador, les envió una nota donde decía que la harían trabajar de prostituta si no le pagaban un rescate equivalente a US$3.200 (probablemente para apostar por Alemania). La policía no se dejó engañar. Sin mucho esfuerzo, según los informes de la prensa local, encontraron a Xiao en casa de una amiga, mirando la Copa del Mundo.

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El caso de Xiao es extremo pero, al menos en , para nada sorprendente.

Las apuestas son un pasatiempo nacional; muchos deportes son solo una excusa para hacer más apuestas. Desde comienzos de junio, es casi imposible tener una conversación con un aficionado chino a la Copa del Mundo sin oírlo hablar de las apuestas que ha hecho y el dinero que perdió o ganó. La tendencia es especialmente pronunciada en los medios sociales donde, gracias a las aplicaciones de juego legales, el aficionado casual puede pasar de hablar sobre apuestas a apostar con sólo deslizar el pulgar. Según el ente regulador estatal de la de China (las loterías chinas también dirigen centros de apuestas deportivas legales), después de las dos primeras semanas de partidos, las apuestas legales chinas a la Copa del Mundo llegaron a un total de US$642 millones o cerca del doble del total de apuestas hechas en 2010.

Y esto solo se refiere a las apuestas legales. Como puede atestiguar cualquiera que visite China, los juegos de cartas parecen estar a mano en cualquier esquina (o en edificios de apartamentos). También lo están -si uno se toma el trabajo de preguntar- las apuestas deportivas.

El tomó actividades que tenían lugar de todos modos y las volvió virtuales -así como también sumamente lucrativas-. En junio, la agencia de noticias estatal de China Xinhua calculó que las apuestas online representan US$161.000 millones anuales de fuga de capitales (equivalentes a aproximadamente el 2 por ciento del PBI) y las calificó de “grave amenaza a la seguridad económica nacional”. En un año de Copa del Mundo, esa cifra probablemente sea aún mayor.

La Oficina de Inspección y Coordinación del Juego de Macau, que supervisa a esa meca china semiautónoma del juego que está al otro lado de la frontera de la provincia de Guangdong, informó que los ingresos se redujeron 3,7% en junio -su primera caída desde 2009-. ¿La causa? Los jugadores hacían apuestas a los partidos de la Copa del Mundo en lugar de jugar a la ruleta.

Esta semana, cuando termine la Copa del Mundo y los apostadores cuenten sus pérdidas (y ocasionales ganancias) probablemente no haya mucha reflexión sobre si toda esa manía por el juego es buena o mala para China y mucho menos sobre su capacidad para disfrutar del Mundial. La 'Super League' china reanudará los partidos esta semana, garantizando que los vigorizados apostadores del país pasen sin solución de continuidad a las apuestas locales. El negocio sin ninguna duda será bueno.