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¿Qué lecciones nos dejó el reciente Fenómeno del Niño costero?

Recomiendan generar mayores investigaciones y acercar los resultados de las mismas a las empresas para que puedan reaccionar.

A simple vista, sin pensarlo mucho, salta a la mente la frase "Falta de previsión" como respuesta a la pregunta: ¿Qué lecciones nos ha dejado este Fenómeno de El Niño? Y en gran medida es así, pero se puede ir mucho más allá. Así lo concluyeron los científicos miembros de la Sociedad Peruana de Ciencias Atmosféricas presentes en la mesa redonda sobre el tema que organizó la semana pasada el Colegio de Ingenieros del Perú. 

Un primer aprendizaje, en términos prácticos y a forma de autocrítica por parte de los científicos, es la falta de una adecuada comunicación con las empresas sobre el impacto que genera en sus negocios el cambio en las condiciones climáticas. 

Jonathan Cárdenas, meteorólogo y gerente de operaciones de la empresa Ambiental Andina, enfatizó que se necesita aterrizar los indicadores meteorológicos hacia las cuotas de producción de las empresas. No sirve de mucho decirles que habrá más o menos viento, o si la temperatura subirá, dijo. Falta traducir estos indicadores en cómo les afectará la cosecha de la fruta o la cuota de pesca del día, la semana, el mes, para que puedan reaccionar y evitar mayores pérdidas, recalcó.

"Las empresas están dispuestas a financiar las investigaciones que hagan falta, pero con la condición de que se les solucionen algunos de los problemas concretos que esto les genera. Mi planteamiento es que los meteorólogos hoy colaboremos con las empresas. Tenemos que ir y decirles: ¿qué datos necesitas para poder seguir trabajando y produciendo en nuevas condiciones climáticas? Y dárselos", destacó.

NUEVOS PATRONES
El reciente Niño costero, precisó Cárdenas, ha sido un fenómeno imprevisto, pues los cambios en los vientos se dieron solo con semanas de anticipación, a diferencia de los vividos en 1983 o 1998, cuando se presentó a lo largo de varios meses un lento calentamiento de las aguas.

"No se trata de que no acertamos una", encaró, sino que las condiciones que explican la realidad vivida en la actualidad es de orígenes distintos a los habituales, aunque similar a lo ocurrido en 1925. El Fenómeno era hasta cierto punto desconocido, pues casi no existían investigaciones en torno a lo sucedido en esa época, recalcó.

"No hay muchos estudios sobre el tema", coincidió Ken Takahashi, científico del clima  del Instituto Geofísico del Perú. Aclaró que existen dos tipos de fenómenos conocidos como El Niño, con diferentes orígenes pero con efectos similares: el agua se calienta y se producen lluvias torrenciales. En un caso el calentamiento de las aguas se da por la llegada de algunas corrientes marinas cálidas, mientras que el otro se debe al arribo de vientos cálidos frente a nuestras costas. El primer caso es más fácil de pronosticar (como ocurrió en 1998 y 1983) porque las corrientes toman varios meses en trasladarse de un lado al otro del mundo, mientras que estos vientos recién fueron percibidos en enero. 

"Llegó sin aviso y se disparó de golpe. No lo habíamos pronosticado, pero al verlo reconocimos que era similar al de 1925. No es que no sea posible pronosticarlo, lo que pasa es que no sabemos pronosticarlos en este momento", reconoció Takahashi.

La lección en este caso, coincidieron, pasan por alertar a la academia (las universidades) sobre la imperante necesidad de investigar más sobre este tipo de fenómenos para prepararnos como sociedad a estos nuevos patrones. Y desde el Estado y las empresas apuntalar para que estas investigaciones se concreten y avancen.

"Todavía no tenemos explicaciones de porque se ha ido tan rápido. Son eventos extremos y raros. Pero también es cierto que el cambio climático hace que varíe la periodicidad. Quizás es probable que se repitan con mucha mayor frecuencia. Eso es lo que tenemos que investigar", alertó.

En el sobrevuelo se comprobó que las inundaciones han dejado enterradas varias hectáreas de terrenos en Piura. (Foto: Ralph Zapata)

MÁXIMOS PREVISIBLES
José Manuel Galvez, meteorólogo del NWS (Servicio Meteorológico de los EE.UU.) de la NOAA, coincide en que no podemos afirmar que habrá uno de estos fenómenos cada cinco años, pero sí está claro que es posible que se incremente la frecuencia de sucesos de las mismas magnitudes en los siguientes años y solo nos queda estar preparados. 

El reciente Niño costero, enfatizó, nos ha marcado ya un punto de partida: todo se debe construir pensando en que suceda algo similar. En Trujillo, por ejemplo, se vivió un huaico con un volumen siete veces superior al previsto, por lo tanto las obras que se hagan ahí tienen que hacerse calculando ese máximo.

Lo primero, aclaró, es definir todas las poblaciones que se deben evacuar. Es complicado porque hemos crecido en desorden, pero ya no nos podemos dar el lujo de ignorar por donde se salieron los ríos. Luego de la reubicación, construir toda las obras (puentes, carreteras, poblados, etc.) atendiendo el máximo punto crítico alcanzado este verano. Y finalmente, sacar el mayor provecho posible al nivel de comunicación que existen en la actualidad: tenemos más datos y cómo compartirlos, solo falta saber encontrarles utilidad, resaltó.

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