¿Administrando riesgos? por Juan José Marthans
¿Administrando riesgos? por Juan José Marthans
Redacción EC

La correcta orientación de la economía peruana debe incorporar una visión con tres horizontes temporales. El corto plazo, donde debemos demostrar que existe una salida a la desaceleración. El mediano plazo, donde es vital generar predictibilidad de la recuperación. El largo plazo, donde debemos construir las bases estructurales para darle sostenibilidad a nuestra .

En cualquiera de estos casos enfrentaremos, como es natural, riesgos. A estos no hay que temerles; hay que preverlos y mitigarlos. En ese marco, vale la pena remarcar algunos riesgos y retos que podríamos experimentar en el corto plazo y que debemos saber administrar, dejando los de mediano y largo plazo para mis próximas columnas en El Comercio.

Primero, no debemos descartar un posible ajuste en el frente internacional y estar preparados. El potencial impacto de los desbalances de las economías desarrolladas aunados a su fortísimo sobreendeudamiento no da para mucho tiempo más. Estas economías, además, vienen trabajando en un marco de tasas de interés negativas, crecimiento desmedido del crédito no regulado, burbujas en parte de los mercados bursátiles, volatilidad cambiaria y pobres tasas de recuperación económica.

Segundo, los llamados megaproyectos, como la línea 2 del metro de Lima, el gasoducto del sur peruano, el aeropuerto de Chinchero, entre otros, no deben demorar más. El esquema de apoyo a las APP debe ser fortalecido y, además de replantear los alcances del SNIP, debe establecerse metas para reducir progresivamente el fuerte déficit que se dispone a nivel de infraestructura. Sin avances en estos proyectos este segundo semestre, no existe posibilidad de salida sostenible a la desaceleración.

Tercero, es importante monitorear la evolución de la presión tributaria con detalle. Si esta no revierte su caída rápidamente, la posibilidad de sufrir forados no previstos en el frente fiscal se incrementaría, dado los anuncios de gasto realizados por el gobierno entrante. Es recomendable que la reducción del IGV se postergue hasta que, por lo menos, se aclare el panorama internacional convulsionado, pudiendo cancelarse en caso el crecimiento del PBI no responda y se aleje de su potencial.

Cuarto, el componente de la inversión extranjera directa es el que realmente más se ha retraído los últimos tres años. Esta ha pasado de una tasa del 6% del PBI hacia el 2012 a menos de la mitad. En Chile bordeaba el 9%. Si no se toman medidas para recuperarla, la posibilidad de cerrar la brecha de infraestructura será mínima. De otro lado, en el frente público se requiere que la inversión recupere su rol contracíclico y se reactive por el lado de los gobiernos regionales y municipales.

Quinto, nuestro BCR ha perdido grados de libertad para buscar que suavizar el comportamiento del tipo de cambio a través de sus intervenciones en el mercado. Debemos ser cuidadosos. Una presión futura a la apreciación del dólar frente al sol no podría ser fácilmente contrarrestada por el ente emisor en la medida que su posición de cambio se ha debilitado, dado que hoy es solo alrededor del 40% de sus RIN. Una aceleración en la volatilidad cambiaria podría generar desconfianza en los agentes.

Reflexionemos, los seis meses iniciales del nuevo gobierno son esenciales para demostrar que hay una nueva filosofía y una nueva orientación de política económica. Los riesgos que se enfrenten deben ser mitigados proactivamente. De no ser así, la desconfianza empresarial podría quebrarse nuevamente. Cuidado.

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