Informalidad
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Redacción EC

En ausencia de una reforma laboral viable en el Congreso y ante una caída en la recaudación que lo forzó a abandonar la reducción en el IGV, el Gobierno parece haber renunciado al ‘boom’ de formalización que alguna vez prometió. Y aunque el énfasis en la reactivación económica de corto plazo es comprensible, es importante no perder de vista que la informalidad es una de las principales barreras al crecimiento de largo plazo en el Perú.

Pese a su importancia, sin embargo, las soluciones generalmente se detienen en lugares comunes como el salario mínimo o la carga tributaria, los cuales ponen a todo el sector informal en un mismo saco. Esto es un error.

Primero, se requiere entender que el problema en sí no es que exista informalidad, sino que esta es demasiado alta para un país de ingresos medios como el Perú. A diciembre del año pasado, casi tres de cada cuatro trabajadores eran informales, pero estos representaban solo el 20% del producto total de la economía. El reto de política económica, por lo tanto, no es acabar con la informalidad sino identificar las condiciones que exageran su tamaño.

Segundo, es necesario distinguir entre informalidad empresarial e informalidad laboral. Un trabajador informal puede trabajar en una empresa informal, como también puede hacerlo en una formal. De hecho, uno de cada cuatro informales trabaja para una empresa formal en el Perú. Antes que enfocarse en formalizar la micro y pequeña empresa, sería mucho más efectivo concentrarse en los trabajadores fuera de planilla en empresas que ya son formales.

Tercero, hay que diferenciar entre los emprendedores que buscan explotar una oportunidad de negocio y, por tanto, tienen un horizonte largo y aquellos que optan por el negocio propio para evitar el desempleo. Cambios estructurales en la legislación laboral o esquemas tributarios temporales solo serán efectivos con los primeros, mas no con los segundos.

Finalmente, aunque la informalidad afecta a la economía en su conjunto, esta tiene una dimensión sectorial importante. La tasa de informalidad a lo largo de distintas industrias varía significativamente. A finales del año pasado, esta aglutinaba al 40% de restaurantes, pero solo al 10% de las empresas de manufactura. Utilizar las mesas ejecutivas del Produce para identificar barreras a la actividad formal en distintas industrias podría ser un primer paso para entender qué se esconde detrás de esta heterogeneidad.

La informalidad es mucho más que costos muy altos para las empresas. En vez de medidas transversales por parte del MEF (como la propuesta de reducción en el IGV en su momento), lo que se requiere es un enfoque de abajo para arriba por parte de los ministerios sectoriales (Minagri, MTC, Produce, etcétera.). Quizá sea una estrategia más lenta y no genere el ‘boom’ que el Gobierno esperaba hace un año, pero en cuatro años se puede lograr mucho. Aún está a tiempo.

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