La partida de Mario Vargas Llosa ha dejado un silencio hondo en el mundo de las letras, pero también la oportunidad de volver a sus obras con ojos renovados. Difícil escoger “la mejor novela” del escritor universal, pues se podría aplicar a él lo mismo que decía Borges de Quevedo: “no escribió novelas porque toda su obra era él mismo”. No obstante, de manera personal, le tengo un particular apego a La Guerra del Fin del Mundo. Una obra que suelo visitar cuando necesito cotejar las tensiones entre razón e irracionalidad, entre poder y símbolo. Su retrato del sitio de Canudos —un enclave místico y rebelde enfrentado al Estado brasileño— trasciende en su novela lo histórico y se convierte en una lección sobre la fragilidad de los órdenes políticos que nos hace reflexionar, por ejemplo, sobre el estremecimiento actual del comercio mundial causado por la administración de Donald Trump.

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