(Foto: El Comercio)
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Resulta claro que una de las alternativas de intermediación financiera que mejor puede cubrir las expectativas de inclusión del segmento poblacional de menores ingresos y que, a su vez, paradójicamente, menos apoyo ha recibido, es el sistema de de ahorro y crédito: las Coopac.

A pesar de disponer de una lista amplia de actividades pendientes que las lleven a su fortalecimiento, de operar con un marco legal obsoleto y de ser poco conocidas por gran parte de la población, las Coopac en el Perú han mostrado una participación creciente al interior del mercado financiero. Tanto es así que en el último lustro su peso en el total del mercado financiero casi se ha duplicado, alcanzando hoy casi un 3% del mismo. Pues bien, para que se tenga una idea, esta participación es seis veces más grande que la totalidad del sistema de entidad de desarrollo para la pequeña y microempresa (edpymes) y cinco veces mayor a la totalidad de las cajas rurales del país.

Adicionalmente, hoy las Coopac llegan a proveer nada menos que la cuarta parte de los créditos canalizados por la totalidad del mundo microfinanciero peruano y su presencia en las regiones más pobres del país es más que destacada. Solo a modo de ejemplo: en Ayacucho se estima que dispone de más de 300 mil socios, lo que representa un grado de penetración en su población económicamente activa (PEA) de más del 85%. Es decir, el mercado financiero en zonas pobres del país es básicamente un mercado servido por las Coopac. Ahora bien, a pesar de la presencia de las Coopac y su importancia en el desarrollo social del país, ¿este sistema dispone hoy de las condiciones como para continuar creciendo de manera estable y transparente? La verdad, no.

Hoy en día, lamentablemente, cualquier grupo de personas puede crear una cooperativa de ahorro y crédito sin registrarse ante una autoridad competente y, entre otras limitaciones, puede crear sus instancias de organización y gobierno independientemente de lo que recomienden las mejores prácticas de regulación de buen manejo de entidades financieras. Como si esto fuera poco, en algunos casos, puede disponer de inadecuados estándares patrimoniales, puede realizar operaciones alejadas de un mínimo control de gestión de riesgos y puede realizar operaciones de origen poco transparente. Es claro que las condiciones para su desarrollo definitivo no son las mejores.

En el contexto reseñado tenemos pendiente de aprobación en el Congreso una nueva ley cuyo propósito es conducir los destinos de las Coopac por el camino de la modernidad, la adecuada regulación y una mejor supervisión. Se está proponiendo con buen criterio un proceso transparente de supervisión por módulos o tamaños de cooperativas, similar al que opera en otros frentes de América Latina; se está buscando la manera de alinear el concepto de apalancamiento financiero al capital variable de estas entidades; se está perfeccionando sus órganos de gobierno y procesos de autorización de organización y funcionamiento. Se busca poner la casa en orden, eso es positivo.

Esta propuesta de ley pendiente de aprobación en el Congreso es siempre perfectible. Sin embargo, eso no justifica que diferentes Congresos, en estos últimos 20 años, hayan venido postergando su aprobación. La verdad no toca discutir acá la razón de esta suerte de negligencia, lo importante es que tenemos nuevamente una gran oportunidad de disponer de una ley moderna que rija, apropiadamente, los destinos y necesidades de las Coopac. Este tipo de entidades financieras son importantes, debemos apostar por su consolidación.

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