Presidente del Perú, Martín Vizcarra, muestra el "martillo" que aplica en el país para frenar el COVID-19 (Foto: Captura TV Perú)
Presidente del Perú, Martín Vizcarra, muestra el "martillo" que aplica en el país para frenar el COVID-19 (Foto: Captura TV Perú)
Carlos Ganoza

Economista y cofundador de Quantum Talent

La estrategia del martillazo para aplanar la curva epidemiológica a la fuerza genera un daño colateral enorme para los hogares. Esto es sólo parcialmente mitigado por las políticas del Ministerio de Economía () y el Banco Central de Reserva (), pero mientras más martillazos menor la capacidad del gobierno para mitigar el daño.

Aquí no hay un dilema entre salud y economía; la política sanitaria y la económica buscan lo mismo: el bienestar de los hogares. En un país con una población informal vulnerable tan grande, la cuarentena es más que un martillazo: es una comba que puede pulverizar la economía familiar y poner en riesgo la salud. A menor ingreso mayor tasa de mortalidad infantil, mayor muerte por enfermedades, menor expectativa de vida, etc.

Por eso el martillazo sanitario ha tenido que ser acompañado por el equivalente a la inyección económica de morfina más grande que ha conocido la historia peruana moderna: medidas de liquidez, garantías y subsidios por un valor total de 12% del PBI, y que según algunas proyecciones podría generar este año un déficit fiscal de 8% del PBI.

El problema es que solo tenemos una bala de ese calibre. Después de esto el espacio fiscal para más medidas será muy reducido. Y los modelos epidemiológicos sugieren que una segunda ola es muy probable. En EE.UU., una encuesta reciente a 18 de los principales expertos en modelos epidemiológicos del país arrojó que la probabilidad de una segunda ola es de 73%. Algunos de los países asiáticos ya están empezando a tener un repunte de casos.

Por eso a los martillazos tiene que seguir una estrategia basada en bisturí: detectar rápidamente a infectados, aislarlos, y rastrear a sus contactos para evitar el surgimiento de un clúster de contagio.

Es evidente que el Estado peruano no tiene las capacidades en salud de países que han logrado resultados con intervenciones de bisturí (Corea del Sur, Taiwán, Singapur). Pero tampoco tenemos que reconstruir todo nuestro aparato sanitario. La clave está en la data para identificar, rastrear y aislar y rápidamente. Si logramos generar esa data con hacks creativos podemos implementar medidas quirúrgicas. Por ejemplo, las empresas de telecomunicaciones tienen data de la ubicación de cada teléfono móvil en el Perú. A través de una norma propia de situación de emergencia, el Estado puede acceder a esa data para que cada vez que se detecta un caso nuevo se pueda identificar inmediatamente a las personas que han tenido contacto, diagnosticarlas, aislarlas y monitorear el cumplimiento del aislamiento.

Usando esa misma data se puede tener información de movimiento de personas y aglomeraciones para enfocar las pruebas de diagnóstico en aquellas zonas con más probabilidad de producir contagios, y detectar así casos asintomáticos y pre-sintomáticos a tiempo.

Esto es solo un ejemplo. Pero las mejores mentes del Perú están listas para encontrar soluciones y cambiar martillo por bisturí.

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¿Cuánto tiempo sobrevive el coronavirus en una superficie?

Aún no se sabe con exactitud cuánto tiempo sobrevive este nuevo virus en una superficie, pero parece comportarse como otros coronavirus.

Estudios indican que pueden subsistir desde unas pocas horas hasta varios días. El tiempo puede variar en función de las condiciones (tipo de superficie, la temperatura o la humedad del ambiente).

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