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"¿Usted cree que trabaja mucho? Apuesto a que no"

En realidad sobrestimamos nuestras horas laborales por los menos en un 10%, sostiene Lucy Kellaway

Sigue estos tips para que el trabajo no se apodere de tu vida

Sigue estos tips para que el trabajo no se apodere de tu vida

Lucy Kellaway
Columnista de management de Financial Times

La semana pasada llené un formulario que me preguntaba cuántas horas a la semana trabajaba. Lo contemplé con la mirada vacía. Es una pregunta bastante básica, y yo debía haberla podido contestar sin vacilar.  

Pero, ya que mi trabajo se extiende a través de mi vida y porque ya no estoy segura de qué cuenta como “trabajo”, en realidad no tengo la menor idea. Lo único que se me ocurre es que trabajo mucho. Pero “mucho” no era una opción, al final escribí 45. 

Más tarde le hice la pregunta a un grupo de conocidos, incluyendo a un abogado y un director de empresa. Todos titubearon un poco y entonces dijeron que trabajaban más de 40. El escritor dijo 42, el director 70 y el abogado 75. 

Ahora me doy cuenta de que todos estábamos inventando. Ninguno de nosotros trabaja tanto como pensamos. Según estudios en EE.UU. y otros países, la gente rutinariamente sobreestima sus horas laborales por lo menos en un 10 por ciento, cuando se compara cuánto la gente dice que trabaja con las notas en un diario, las cifras no cuadran. 
 
En sí, esto no es gran sorpresa. Todos somos famosamente inútiles cuando nos toca estimar cuánto tiempo pasamos haciendo cualquier cosa. Los estudios del uso del tiempo muestran que sobreestimamos con desatino el tiempo dedicado a las tareas de la casa y subestimamos el sueño, pregúntenle a un insomne cuánto durmió la noche anterior y dirá dos horas cuando en realidad eran alrededor de cinco. 
 
Lo que sí es inusual en los estimados de trabajo es que mientras más trabajan las personas más lo sobreestiman. Quienes trabajan 37 horas estiman que trabajan 40. Pero los que trabajan 50 horas hacen saltar el estimado unas contundentes 25 horas y alegan trabajar 75. 

La razón, pensaba yo al principio, debe ser porque mientras más uno trabaja, más dolorosa se vuelve cada hora marginal. Cuando uno ya ha trabajado 50 horas, la hora número 51 parece extremadamente larga. Sin embargo, esto no cuadra con el hecho de que las personas que más sobreestiman su trabajo son las personas que más razón tienen para disfrutarlo. 

Jonathan Gershuny de la Universidad de Oxford y John Robinson de la Universidad de Maryland han hecho un estudio que divide la sobreestimación por profesión.

Descubrieron que los abogados sobreestiman más que los paralegales. Los médicos sobreestiman sus horas más que las enfermeras. Los directores ejecutivos sobreestiman sus horas muchísimo más que los mal pagados trabajadores a tiempo parcial, los cuales son más propicios a subestimar. 

El profesor Gershuny piensa que hay dos razones. La primera tiene que ver con el estatus. Mientras más bajo está uno en la jerarquía, menos valoriza su propia contribución. Si uno es director ejecutivo uno valora tanto su trabajo que en la mente la cantidad se vuelve distorsionada. 

Pero también se debe a que el trabajo es una medalla de honor. Antes se medía el valor de un hombre por cuánto tiempo libre tenía, y después por cuánto dinero. Ahora que es más difícil pasarles el dinero a los hijos, la herencia se mide a través del “capital humano”. Y la mejor medida de esto es lo mucho que uno trabaja. 

Se podría decir que no importa si nos decimos que trabajamos más de lo que en realidad lo hacemos. Asumiendo que el abogado no nos pasa la cuenta de las horas estimadas, debería ser buena noticia que no estamos trabajando tanto como pensábamos

Pero aunque sea verdad que la enfermedad de trabajar demasiado reside al menos parcialmente en la mente, sigue siendo importante porque influye en el estrés que uno siente. Si yo pienso que trabajo 60 horas a la semana, voy a sentirme más agobiada que si pienso que trabajo 40.

Peor aún, las falsas nociones de los trabajadores machistas nos perjudican a todos. Mientras más alegan que trabajan a todas horas, más inadecuados se sienten los demás. 

Para tener una mejor idea de mis propias horas, la semana pasada decidí llevar un diario, solo para abandonarlo casi inmediatamente. Tendida en la bañera, estaba pensando en ideas para esta columna. ¿Era un baño, o era trabajo? ¿Y qué tal cuando estaba en la oficina, vagamente escribiendo correos electrónicos y vagamente haciendo mis compras en línea? 

Así que he descartado el diario y simplemente he decidido rebajar el número de horas que yo me digo a mí misma que trabajo. No son 45. La cantidad de trabajo verdadero y apropiado es probablemente apenas la mitad. Pero me digo a mí misma que está bien. Después de todo, las horas tal vez sean la única medida que tenemos del trabajo, pero son una medida bastante débil. 

Uno de los mejores escritores que conozco da la impresión de nunca hacer ningún trabajo. Le envié un correo electrónico ahora mismo preguntándole cuántas horas a la semana le dedica al trabajo. Su respuesta tampoco me hizo sentir feliz, aunque por razones totalmente diferentes: “Cinco, máximo”, me dice.

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