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Dadaísmo concursal, por Michelle Barclay

“Hoy estamos estancados en la aplicación de estructuras tradicionales desarrolladas hace más de 20 años”

(Foto: Getty Images)

En nuestro país, son muy pocas las empresas que logran reestructurarse con éxito y las liquidaciones en marcha demoran tanto que pierden su propósito (Foto: Getty Images)

El dadaísmo surge durante la Primera Guerra Mundial, primero en Europa y luego en Estados Unidos, como un movimiento artístico y cultural. Fue una absoluta revolución que implicó un rechazo a toda tradición y esquema anterior. El dadaísmo fue provocador y se manifestó contra cualquier forma de inmovilidad de pensamiento. Es decir, propugnó un profundo cambio, invocando la creación de nuevas ideas, formas y conceptos.

Un cambio revolucionario como este es lo que necesitamos en el mundo jurídico de los procesos concursales (antes llamados procesos de insolvencia). Los procesos concursales se manejan en un foro con reglas especiales que permiten la reestructuración o liquidación de empresas en crisis. Estos casos se tramitan ante el Indecopi y las decisiones las toman los acreedores registrados en el proceso.

Estos procesos se rigen por la Ley General del Sistema Concursal que ha sido modificada en diversas oportunidades. A pesar de ello, hoy estamos estancados en la aplicación de estructuras tradicionales desarrolladas hace más de 20 años que generan procesos muy lentos y bajísimos niveles de recuperación para los acreedores.

Esta situación se encuentra reflejada en el reporte Doing Business emitido este año por el Banco Mundial, en el que se ha posicionado al Perú en el puesto número 88 (de 190 países) en lo referido a resolución de procesos de insolvencia. Hemos descendido cuatro posiciones respecto del año pasado y estamos muy lejos de nuestros vecinos de Colombia (puesto 40) y Chile (puesto 51).

En nuestro país, son muy pocas las empresas que logran reestructurarse con éxito y las liquidaciones en marcha (reguladas para vender empresas como unidad de negocio) demoran tanto que pierden su propósito. Para cambiar esta situación necesitamos renovar nuestras ideas y destruir convencionalismos.

Por ejemplo, si ya sabemos que la venta de activos en marcha no está funcionando a través de una liquidación, ¿no deberíamos acaso romper este esquema y estructurar dichas ventas a través de un proceso de reestructuración empresarial?

Miremos a los países desarrollados.
Estados Unidos (puesto 3 en el ránking del Banco Mundial) cuenta con un proceso de reestructuración muy flexible (denominado Chapter 11). Este proceso permite la venta de una unidad de negocio y genera mecanismos que buscan promover la competencia entre compradores para elevar el precio de venta. Lehman Brothers, Chrysler y General Motors son conocidos casos en los que se ha utilizado esta estructura para recuperar valor.

Este es uno de los muchos conceptos que debemos revaluar y cuestionar para poder crear un esquema concursal que motive su uso por las empresas que pasan por situaciones de crisis. A todos los que participamos en el sistema nos toca revolucionarlo con nuevas ideas.

Seamos dadaístas y no legalistas.

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