(Foto: El Comercio)
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Como es conocido, hoy en día el entorno internacional denota serias limitaciones en su frente financiero, comercial y geopolítico. De otro lado, en el ámbito nacional, no escapamos de la vergüenza ajena que nos genera el desempeño de parte importante de nuestro frente político e institucional. A pesar de dicho entorno, nuestro frente productivo no debe dejar contagiarse. Lo típico en escenarios poco favorables es tomar decisiones orientadas a desacelerar o postergar los planes de inversión. Eso sería lamentable hoy en el Perú dado que, justamente, estamos acelerando la dinámica de inversión tanto pública como privada. No basta con identificar riesgos, los mismos deben ser contrastados equilibradamente con nuestras fortalezas previo a un proceso de toma de decisiones correcto. 

En ese contexto y a fin de compensar la batería de noticias negativas con la que se nos bombardea día a día, no debemos dejar de tomar conciencia de las oportunidades que se derivan de disponer de una economía con buenos fundamentos. Acá una apretada reseña de lo que no debemos olvidar. 

No debemos olvidar que durante la última década somos la economía con mayor crecimiento y menor inflación en la región y, como en ningún otro lapso en nuestra historia, hemos crecido de manera continua los últimos 19 años. Como si ello fuera poco, hoy no hay analista económico que prevea un crecimiento para el 2019 menor al 3,8%, que podríamos lograr el presente año. 

No debemos olvidar que disponemos, como porcentaje de nuestro PBI, de los más elevados niveles de reservas internacionales en todo el mundo emergente latinoamericano y, como si ello fuera poco, el nivel de endeudamiento público más bajo de toda la región. Con ello tenemos pista amplia, por ejemplo, para enfrentar cualquier nuevo embate del frente financiero internacional. 

No debemos olvidar la generosidad natural de nuestra economía. Cuando no sube el precio del cobre, surge el oro; caso contrario, la pesca entra a tallar. Adicionalmente, hoy en día hemos logrado ubicarnos entre los cinco exportadores más importantes del mundo en arándanos, palta, alcachofas, mangos, mandarinas, espárragos, uva; cosa impensable 10 años atrás. 

No debemos olvidar que a pesar de que el año pasado enfrentamos el efecto de El Niño costero, el impacto del escándalo Odebrecht, la inseguridad, la violencia política y la corrupción, nuestro PBI creció 2,5%, siendo el más alto dentro de lo selecto del grupo de economías de la Alianza del Pacífico. En adición, dicho año fuimos la única economía que mantuvo su clasificación y perfil de riesgo soberano incólume. Ni las mejores economías de la región lograron ello de parte de las clasificadoras de riesgo internacionales. 

Claro está, aún tenemos una agenda grande por resolver en lo estructural. Aún requerimos de una visión coherente y consensuada del país. Claro está, debemos replantear nuestro Estado y una nueva clase política. A pesar de ello, nuestras fortalezas, que no son pocas, deben encaminarnos a no perder ese factor clave para el éxito: la confianza en nosotros mismos y nuestro destino. Eso es lo que no debemos olvidar.