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"Decálogo para fortalecer el SPP", por Juan José Marthans

Deben diversificarse las alternativas de pensión. No basta con la “pensión vitalicia” y el “retiro programado”, dice Marthans

Durante más de 20 años rentabilidad promedio del SPP fue de 12%

Durante más de 20 años rentabilidad promedio del SPP fue de 12%

Primero, nunca proponer cambios del Sistema Privado de Pensiones (SPP) a partir de iniciativas que surjan de un ambiente político y preelectoral. Esto es lo peor que podría ocurrir en contra de los intereses de los afiliados. En esos contextos solo surgirán propuestas parciales, poco congruentes e insostenibles. Su propósito real será captar votos en un próximo proceso electoral.

Segundo, la reforma del sistema de pensiones debe ser integral. Debemos conciliar los cambios tanto en el sistema nacional de pensiones como en el SPP y el mismo Pensión 65. ¿Cómo queremos que operen estos sistemas? Debemos armonizar conceptos tan elementales como el de la pensión mínima, entre otros.

Tercero, tenemos que peruanizar el SPP. El mercado laboral peruano es complejo. Para motivar aportes de los informales de menor ingreso relativo es crucial, por ejemplo, crear un nuevo sistema semicontributivo, donde, frente al aporte de un nuevo afiliado, se suscite un aporte similar financiado por el Estado. 

Cuarto, debemos acercar al corto plazo los beneficios de aportación. Parte del monto aportado podría computarse a través del pago de cuotas que permita el acceso a una vivienda única o una mejora en sus niveles de profesionalización. Con ello apuntalaríamos también a una tercera edad más digna para los beneficiarios del sistema.

Quinto, es importante diversificar más las alternativas de pensión. No basta con la “pensión vitalicia” y el “retiro programado”. Por qué no definir montos metas del fondo individual necesarios para acceder a una pensión compatible con diferentes niveles de vida de los afiliados. Todo monto del fondo individual acumulado en exceso de la meta podría ser retirado.

Sexto, debemos humanizar la presencia de cuentas individuales intangibles. En casos extremos, de enfermedad terminal del afiliado o un familiar directo, debe dejarse emplear el fondo individual. Hoy en día, el sistema privilegia el fondo individual a la vida misma del afiliado. Eso no tiene ningún sentido.

Séptimo, debemos ser más flexibles con los límites de inversión de los fondos en el exterior. Si no los ampliamos, una mayor porción de los fondos de los afiliados se orientarán a la demanda de valores en nuestro mercado de capitales volátil y poco profundo. Los únicos beneficiados serán pocos grupos económicos y empresariales nacionales, pero no el afiliado.

Octavo, debe abrirse la posibilidad a que cualquier persona pueda disponer de fondos voluntarios, administrados por las mismas AFP, en cuentas individuales, sin fin previsional. Esta sería una excelente manera de propiciar ahorro voluntario de mediano y largo plazo. 

Noveno, es necesario impulsar mayor competencia. Podría combinarse la presencia de licitaciones de los fondos con la posibilidad de que otro tipo de entidades financieras, diferentes a las AFP, puedan ofrecer fondos previsionales. Claro está, es una alternativa interesante siempre que el mercado existente sea lo suficientemente competitivo.

Décimo, deben afinarse tanto los mecanismos de traspasos de los fondos de una entidad a otra y mejorarse los mecanismos de comunicación a favor de los beneficiarios de un fondo previsional individual. Traspasos efectivos de una AFP a otra en menos de 30 días y, paralelamente, comunicación obligatoria de las AFP a los beneficiarios de un fondo individual.

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