El tope a las tasas de interés, que buscaba evitar la “usura”, ha tenido el efecto contrario: excluye a quienes pretendía proteger del sistema formal y los orilla al mercado informal, con tasas anualizadas mayores al 500% y cobros delincuenciales. Este es un resultado previsible de una de las lecciones de economía más básicas: los controles de precios no funcionan. No lo hicieron en el Imperio Romano del siglo IV, el Perú de los ochentas, la Argentina de los cepos cambiarios, ni en el Perú del “gota a gota”.

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