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Economía y corrupción: ¿cómo nos miran?, por Juan José Marthans

“A pesar de todo, nuestra imagen externa es sinónimo de respeto y esta difiere mucho de la que tenemos nosotros. De percepciones no se vive, esto está claro, pero estas están ayudando”, señala el Economista del PAD, Escuela de Dirección de la Universidad de Piura

Corrupción

(Ilustración: Rolando Pinillos Romero).

Ilustración: Rolando Pinillos Romero.

En términos generales, tenemos que admitirlo, es increíble que la economía peruana esté mostrando aún un desempeño tan destacado dentro de las economías emergentes de toda la región latinoamericana. A pesar de todas las limitaciones estructurales que por años continúan pendientes de solución en nuestro país y, más aun, a pesar de las graves crisis políticas y corrupción que hemos experimentado estos últimos 18 años, nos hemos sostenido en un nivel de actividad económica que continúa siendo la envidia de la región latinoamericana.

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Hasta hoy y a través de El Comercio hemos discutido, en varias oportunidades, la dualidad en la percepción del desempeño de la economía peruana. Mientras que internamente, por ejemplo, la percepción de parte del empresariado es que nuestra economía está “estancada”; en el exterior, la percepción es que continuamos siendo uno de los líderes indiscutibles del crecimiento en la región, que disponemos de un modelo económico a seguir y que somos foco del apetito del inversor internacional en materia de minería y agroexportación.

Pues bien, esa dicotomía de percepción interna-externa que se suscita a nivel económico también se viene manifestando en materia de percepción de nuestro desempeño político y de lucha contra la corrupción.

Internamente, la renuncia de un presidente de la República, el indulto fallido a un ex presidente, las pugnas y mediocridades de nuestra representación parlamentaria, la debilidad institucional de nuestra fiscalía y nuestro Poder Judicial y, como si todo ello fuera poco, las complejas aristas de la corrupción en torno a Odebrecht y otras constructoras son vistas internamente como una muestra palpable de que el frente político no acompaña al frente económico.

Sin embargo, de manera contraria a dicha percepción y sin negar lo nefasto de ese entorno para acompañar un mejor desempeño económico, en el frente externo el descalabro político tiene una lectura especial y diferente. Para gran parte del frente internacional, lo que se observa es que el Perú avanza poniendo en prisión a parte de los responsables políticos vinculados a hechos de corrupción, que no se tiene limitaciones para investigar y prohibir la salida de personajes de ‘alto calibre’, que nuestra fiscalía funciona y se hace respetar, que disponemos de jueces que actúan con independencia y severidad.

Es decir, la dualidad en la percepción del desempeño de nuestra economía se reitera en la lucha contra la corrupción. En el exterior se piensa que lo que se está haciendo en el Perú en materia de la lucha contra la corrupción es un ejemplo a seguir por otros países. Aunque a algunos no les guste, esa percepción externa en lo económico y lo político nos favorece.

Que quede bien claro: no estamos argumentando que la percepción sea –en todos los casos– sinónimo de realidad; lo que estamos señalando es que, a pesar de todo, nuestra imagen externa es sinónimo de respeto y que esta difiere mucho de la tenemos nosotros. De percepciones no se vive, eso está claro, pero en el corto plazo estas están ayudando. Esperemos que la percepción externa no cambie; si esta se deteriorara en cierto momento, los retos que enfrentamos se multiplicarían sustancialmente.


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