Hace algunos días la nueva administración del gobierno estadounidense anunció la intención de imponer aranceles recíprocos a cualquier país que establezca impuestos o barreras no arancelarias a sus productos.
Hace algunos días la nueva administración del gobierno estadounidense anunció la intención de imponer aranceles recíprocos a cualquier país que establezca impuestos o barreras no arancelarias a sus productos.
El modus operandi con el que se han llevado a cabo éste y otros anuncios públicos, vienen seguidos de un período de calma que el mercado interpreta como una estrategia de negociación para obtener concesiones. Como resultado, el apetito por los activos de riesgo aumenta y los índices de volatilidad parecen estar bajo control mientras los mercados modelan los impactos potenciales de cada decisión.
Mas allá de la complejidad de implementar una decisión tan amplia como la reciprocidad arancelaria, sus implicaciones inmediatas para América Latina podrían ser significativas. Según un estudio reciente de Citi Research sobre cadenas de suministro globales, América Latina ha sido la región más favorecida por la reducción de importaciones de EE. UU. desde China. México, en particular, ha ganado un +2,2% de participación en el mercado americano desde 2017 y se ha convertido en un socio comercial importante, con 15,5% de las importaciones estadounidenses en 2024. Su relevancia, sumada a un creciente superávit comercial en contra de EE.UU. (que ha crecido de US$70 mil millones en 2017 a US$171,8 mil millones en 2024) posiciona a México en el centro de la retórica comercial de EE.UU., con las recientes disputas sobre inmigración y la guerra contra el tráfico de narcóticos en la frontera reforzando dicha tensión.
Otros países de América Latina podrían verse afectados por la política de reciprocidad arancelaria, como Argentina y Uruguay, que actualmente tienen una diferencia positiva de más del 10% entre los aranceles impuestos y los pagados para comerciar con EE.UU. Brasil, Paraguay y Ecuador también gozan de un diferencial arancelario positivo de entre el 5% y el 10%. Perú, en cambio, podría quedar fuera de esa ofensiva debido a su Tratado de Libre Comercio, y por tener una balanza comercial generalmente positiva para EE.UU., de US$1,86 mil millones en 2024.
Los efectos de esta política en la economía global aún están por desarrollarse. El principal desafío para los países latinoamericanos será equilibrar la competitividad de sus exportaciones mientras minimizan posibles barreras comerciales. En este nuevo escenario de incertidumbre, comprender y adaptarse rápidamente al nuevo juego del comercio global, será fundamental para garantizar el crecimiento y la estabilidad económica.
OpiniónBasada en la interpretación y juicio de hechos y datos hechos por el autor.
