"El BCR ha intervenido el mercado de divisas con herramientas de política monetaria, que han resultado en una disminución en los excesivos niveles de volatilidad. Aun así, [...] conviene que las empresas y sus directores financieros analicen el impacto que la volatilidad cambiaria puede tener en la gestión de sus finanzas para definir las estrategias para mitigar el riesgo cambiario", señala Skotiuk. (Foto: Violeta Ayasta / GEC)
"El BCR ha intervenido el mercado de divisas con herramientas de política monetaria, que han resultado en una disminución en los excesivos niveles de volatilidad. Aun así, [...] conviene que las empresas y sus directores financieros analicen el impacto que la volatilidad cambiaria puede tener en la gestión de sus finanzas para definir las estrategias para mitigar el riesgo cambiario", señala Skotiuk. (Foto: Violeta Ayasta / GEC)
Julio Skotiuk

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Desde el primer trimestre del 2020 hasta la actualidad, se han observado episodios en los que la volatilidad del ha aumentado considerablemente. Esto se ha debido a la incertidumbre generada por la pandemia y también a la inestabilidad política, especialmente desde abril del 2021 hasta la actualidad, debido al proceso electoral en el país.

Ante ello, el Banco Central de Reserva del Perú ha intervenido el mercado de divisas con herramientas de política monetaria, que han resultado en una disminución en los excesivos niveles de volatilidad. Aun así, y dado que la incertidumbre aún se mantendrá, conviene que las empresas y sus directores financieros analicen el impacto que la volatilidad cambiaria puede tener en la gestión de sus finanzas para definir las estrategias para mitigar el riesgo cambiario.

Son tres los principales riesgos que enfrentan las empresas ante la volatilidad cambiaria. Por un lado, tenemos el ‘riesgo de transacciones’, que impacta el flujo de caja, por ejemplo, y surge por el desajuste entre el tipo de cambio al momento en el que se adquiere un compromiso de pago y el tipo de cambio al momento de hacer efectiva la transacción. También, existe el ‘riesgo de traducción’, que impacta el capital contable, los estados de resultados y la deuda neta, y surge de la sensibilidad contable de los estados financieros consolidados ante variaciones del tipo de cambio. Finalmente, se puede generar un ‘riesgo estructural’, que impacta la competitividad y estrategia de la empresa, y que surge de la sensibilidad de los movimientos de flujo de efectivo esperados en el largo plazo ante variaciones en el tipo de cambio debido a procesos comerciales y de competencia.

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Desde KPMG hemos identificado que en el Perú son tres los instrumentos financieros derivados más utilizados para la gestión del riesgo cambiario. Primero, los ‘forwards de moneda’, que son contratos para cambiar una cantidad fija de una moneda por otra en una fecha futura específica a un tipo de cambio ya pactado. Es muy usado para mitigar el riesgo cambiario de transacciones. Luego, tenemos los ‘swaps de moneda’, que son contratos para intercambiar flujos de pago de intereses en una moneda por flujos de pago de intereses en otra moneda. Se utilizan para cambiar el riesgo de tasa de interés. Finalmente, se usan las ‘opciones de moneda’, que son contratos que otorgan el derecho, más no la obligación, de comprar o vender una moneda a un tipo de cambio antes pactado y en una fecha específica.

Sin embargo, existen muchos más instrumentos financieros derivados de divisas a nivel corporativo, un mercado que reporta transacciones de miles de millones de dólares diariamente a nivel mundial, incluso cuando no son tan populares entre las medianas y grandes empresas. Todos los instrumentos tienen sus ventajas y desventajas, lo importante es analizar para qué se va a utilizar, el plazo y cuantía de la operación, así como los costos asociados a cada estrategia y según ello elegir el instrumento más apropiado.

Lo que no es de dudar es la necesidad de contar con un plan. Por ejemplo, una empresa importadora, que programó en febrero del 2021 una compra por más de 1 millón de dólares a pagarse en abril del 2021, pudo haber ahorrado S/130.000 con un forward gestionado en febrero para comprar US$1 millón en abril a S/3,70. Sin él, hubiera pagado S/190.000 más, causando un desbalance en sus gastos. Como ya nos han enseñado los hechos que hemos vivido en el último año solamente, ser precavido y planificar sale a cuenta.

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