Las revoluciones tecnológica cambian la forma de trabajar. La electricidad desplazó oficios manuales y creó industrias. Internet automatizó procesos y creó la economía digital. La Inteligencia Artificial Generativa (Gen IA) va un paso más allá: no solo automatiza tareas físicas, sino también parte del razonamiento especializado.
Las revoluciones tecnológica cambian la forma de trabajar. La electricidad desplazó oficios manuales y creó industrias. Internet automatizó procesos y creó la economía digital. La Inteligencia Artificial Generativa (Gen IA) va un paso más allá: no solo automatiza tareas físicas, sino también parte del razonamiento especializado.
Es una transformación estructural del mercado laboral. Los estudios globales ayudan a dimensionar el cambio. El World Economic Forum proyecta que millones de empleos cambiarán esta década. McKinsey estima que cerca de un tercio de las horas trabajadas podrían automatizarse hacia 2030. No es ciencia ficción, es productividad en tiempo real.
Pero la discusión no es cuántos empleos desaparecerán, sino cuáles cambiarán y cuáles otros se crearán.
Los roles más expuestos son los basados en tareas repetitivas: digitación, soporte administrativo, atención básica de call center, redacción estándar de reportes, análisis preliminar legal o contable. No van a desaparecer de inmediato, pero van a cambiar de manera importante.
Al mismo tiempo, están naciendo perfiles que hace cinco años no existían: arquitectos de sistemas de agentes autónomos que diseñan procesos mixtos entre humanos y máquinas; auditores que supervisan sesgos y riesgos regulatorios; especialistas en gobierno de datos; diseñadores de interacción humano-IA que maximizan productividad y cuidan el criterio humano.
Lo más emocionante: surgirán profesionales “aumentados”. Analistas financieros que trabajan con copilotos de IA para modelar riesgos en minutos. Equipos de minería que optimizan exploración con simulaciones predictivas. Ejecutivos comerciales que personalizan ofertas en tiempo real apoyados en modelos generativos. El diferencial ya no va a ser usar Excel; va a ser formular las preguntas correctas a un sistema inteligente.
Para Latinoamérica, y particularmente para el Perú, el desafío es estratégico.
Tenemos brechas en educación STEM, inglés e inversión en I+D. Si no aceleramos programas de reconversión laboral, podríamos ampliar la brecha entre trabajadores “aumentados” y trabajadores desplazados. La desigualdad tecnológica se convertiría en desigualdad salarial.
Lo positivo es que existe una oportunidad histórica. El Perú tiene una población relativamente joven y sectores intensivos en datos —finanzas, retail, minería, agroexportación— donde la IA puede aumentar productividad. Si juntamos tecnología con formación en habilidades digitales, podemos aumentar competitividad y atraer inversión en servicios basados en conocimiento.
Hay tres frentes importantes: 1. Educación orientada a pensamiento crítico y resolución de problemas complejos, 2. Programas corporativos de ‘upskilling’ continuo, y 3. Marcos regulatorios que promuevan innovación responsable.
Creo que la historia nos enseña que las revoluciones tecnológicas terminan creando más valor del que destruyen, pero no es automático ni neutral. Necesita liderazgo empresarial, visión de política pública y rapidez de ejecución. La IA no va a eliminar el trabajo, lo va a eliminar tal y como lo conocemos.
La pregunta para nosotros los peruanos no es si esta transformación ocurrirá. La pregunta es si queremos participar como usuarios tardíos o como diseñadores activos de los empleos que todavía no existen.
Trabajemos ya por la segunda opción.
OpiniónBasada en la interpretación y juicio de hechos y datos hechos por el autor.
