Habrá inversión de más de US$200 millones en educación superior
Habrá inversión de más de US$200 millones en educación superior
Redacción EC

Hoy en día, uno de cada cuatro trabajadores peruanos cuenta con completa. Si bien la proporción suena baja si se compara con países desarrollados, es alentadora si se toma en cuenta el rápido aumento en el acceso a este nivel educativo observado la última década. Hoy, un joven promedio de 26 años tiene una probabilidad de tener educación superior que es cuatro veces la que tenían sus padres.

Este es uno de los cambios sociodemográficos más importantes del Perú en las últimas décadas. Pero como todo promedio, esta tendencia esconde diferencias importantes que se deben tomar en cuenta para seguir empujando el coche en la dirección correcta. 

La primera es que el acceso a la educación superior aún es muy inercial y desigual, porque depende mucho del nivel educativo máximo alcanzado por los padres. Por ejemplo, si bien el 26% de trabajadores en el Perú cuenta con educación superior, dicho porcentaje se reduce a 17% si solo consideramos al grupo de trabajadores cuyos padres no culminaron la primaria. En contraste, ese porcentaje aumenta a 55% si solo consideramos a los trabajadores cuyos padres cuentan con educación superior. Es decir, tener padres educados multiplica por tres la probabilidad de que una persona acceda a educación superior. 

La segunda es que los ingresos esperados de un trabajador con educación superior parecen depender también de las condiciones iniciales de la familia. El trabajador peruano con educación superior gana, en promedio, S/15 por hora, pero ese ingreso esperado también está marcado por el nivel educativo de los padres. Si estos no culminaron la primaria, el ingreso esperado es de S/11, mientras que ese ingreso esperado salta hasta S/24 si sus padres cuentan con educación superior. Es decir, tener padres educados duplica el ingreso esperado por tener educación superior completa. 

Esto no debe ser así: si queremos llegar a ser una sociedad que ofrece igualdad de oportunidades a sus ciudadanos, tenemos que asegurarnos de que las condiciones de partida, como la educación de los padres, el lugar de nacimiento, la lengua materna o el grupo étnico no sean tan determinantes del futuro de las personas. 

Algunas acciones claves para alcanzar este ideal tienen que ver con que los colegios públicos ofrezcan educación de calidad, con que se fortalezca el sistema de financiamiento de la educación superior (de manera que el acceso dependa del mérito y no de la capacidad de pago de los padres) o con procurar que la oferta educativa cumpla con condiciones mínimas de calidad y que la población pueda diferenciar entre buenas y malas alternativas. En ese sentido, el cierre de la primera universidad por parte de la Sunedu –por no cumplir con las condiciones básicas de calidad– es una buena noticia.