Últimamente, pareciera que la actitud del ministro Arista proviene de un mix letal para cualquier profesional, pero más aún para un funcionario público: hartazgo y apatía. Quien escuche solo algunas de las declaraciones públicas que ha realizado durante este año el señor Arista, podría quedarse con la inequívoca sensación de que el ministro ha surfeado los obstáculos propios del cargo –un tanto en solitario– con la ayuda de la inercia, y que en este momento, como se dice coloquialmente, “ya todo le da un poco igual”.

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