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"Jubílate en tu casa", por Eduardo Morón

"El Perú es sin duda un país de propietarios. Dos de cada tres peruanos son dueños de sus viviendas", presidente de la Asociación Peruana de Seguros (Apeseg)  

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"El problema es que la mayoría autoconstruyó sus viviendas y no tiene todos los papeles en regla", especifica Morón.

Todo el mundo entiende cómo funciona una hipoteca. Si quieres comprar una vivienda, pero no tienes los recursos para comprarla en efectivo, pones la vivienda en garantía y una institución financiera facilita los recursos para hacerlo a cambio de una obligación (la hipoteca) que implica devolver mes a mes dichos recursos o sino deberás entregar la vivienda. 

Lo interesante de esto es que uno paga las cuotas, pero disfruta de su vivienda y no está pagando esa plata en alquileres que no te dejan nada para ti.

El Perú es sin duda un país de propietarios. Dos de cada tres peruanos son dueños de sus viviendas. El problema es que la mayoría autoconstruyó sus viviendas y no tiene todos los papeles en regla para que este activo sirva como garantía.

Pero el problema de los peruanos es que no tienen suficientes recursos en sus cuentas previsionales (AFP), o llegarán a edad de jubilación sin haber hecho suficientes aportes (ONP).

Y para complicar más la foto, la SBS anunció que, mirando los datos del Sistema Privado de Pensiones, en promedio, la gente va a vivir casi cuatro años más. Es decir, debería añadir más recursos. Sin embargo, los impacientes peruanos están jubilándose de manera anticipada o llevándose casi el íntegro de sus fondos.

Lo que correspondería es tratar de trabajar más años, y asegurarse de tener recursos suficientes porque van a vivir más tiempo.

En este escenario, el Congreso aprobó la ley de la hipoteca inversa que puede servir para un buen grupo de peruanos que tienen vivienda en regla, pero no tienen recursos ahorrados para una pensión que cubra los gastos que sí o sí tendrán que afrontar cuando dejen de trabajar.

Esos peruanos en realidad tienen cuatro opciones:

La primera es vender lo que tienen y comprar algo más chico. Esa plata extra les debería servir para financiar sus gastos en jubilación. Potenciales problemas de esta opción: (i) lo que tienen ya es suficientemente chico, (ii) puede no ser un buen momento para vender, (iii) potencial estafa en la venta.

La segunda opción también tiene sus riesgos y es admitir a un inquilino en su vivienda. Ese inquilino puede (i) no pagar lo que ustedes piden, (ii) no hacerlo puntualmente, o (iii) hacer un daño (robo) en su vivienda.

La tercera opción es armar un esquema informal de hipoteca inversa. La vivienda podría ser ocupada por alguno de los hijos (y su familia). A cambio de ello, ese dinero ahorrado en el alquiler de una vivienda sirve como “pensión” para los padres dueños de la vivienda. Pasados los años y fallecidos los padres, ese hijo se queda con la vivienda. Esta opción también tiene potenciales problemas: (i) ¿estarán de acuerdo los demás hijos?, (ii) ¿el acuerdo informal se mantendrá en el tiempo?, (iii) ¿el monto de “pensión” es el justo dado el valor de la vivienda?

Finalmente, la cuarta opción es la hipoteca inversa, que en realidad es igual que la tercera opción, pero la valorización de la vivienda es lo que el mercado opina y no tus hijos. Ese valor define el tamaño de tu “pensión”. Al fallecimiento, tus hijos podrán definir si se quieren quedar con la vivienda y tendrán la opción de pagar la deuda. Esa deuda será baja si los padres fallecen pronto, y será alta, inclusive mayor al valor de la vivienda si resultan longevos.

Estén atentos, pronto la SBS regulará este mecanismo que podrán ofrecer bancos y compañías de seguros.

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