El 6 de marzo, el Ministerio de Educación dispuso que los colegios de Lima Metropolitana y el Callao pasaran a clases remotas durante una semana. La razón: una deflagración en el gasoducto de Camisea, en Cusco, que interrumpió el suministro de gas natural hacia Lima. El Gobierno argumentó que la medida buscaba reducir la movilidad urbana mientras se restablecía el abastecimiento. Efectivamente la crisis energética es real y exige respuestas, pero la medida educativa es muy cuestionable.

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