La gran empresa no vive en una isla. Las interrelaciones de una empresa con su entorno constituyen un entramado complejo y cambiante. Convive con sus trabajadores y respectivas familias, cada uno con aspiraciones y necesidades diferentes; se relaciona con las comunidades donde opera, usualmente en diferentes espacios y regiones; interactúa con el Estado en múltiples niveles, sean gobiernos subnacionales, reguladores, autoridades de distinta naturaleza; tiene por supuesto una relación directa con sus accionistas, interesados en el buen desempeño del negocio; se relaciona continuamente con clientes y proveedores de distintos tamaños y grados de especialización; en fin, un sinnúmero de grupos de interés.

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